Al iPhone, el principal producto de Apple, que representa algo más de la mitad de las ventas del grupo, le está costando atraer nuevos clientes. Desde la desaparición del botón Home en 2017, la marca ha lanzado nuevos smartphones sin grandes innovaciones, como hacía en el pasado.
Steve Jobs en 2007 durante la presentación del primer iPhone. El botón Home era entonces emblemático del dispositivo, situado en el centro, debajo de la pantalla.

Por su parte, Tim Cook, el emblemático director general del grupo que sucedió a Steve Jobs en 2011, ha reiterado en numerosas ocasiones su entusiasmo por el futuro de la marca de la manzana. El pasado mes de febrero, por ejemplo, durante la conferencia sobre los resultados anuales, afirmó: «Nunca he sido tan optimista con respecto a nuestra gama de productos».
Es cierto que a Apple le quedan buenos argumentos que defender. El grupo se diversifica y sigue incorporando novedades. Las gafas de realidad virtual Vision Pro ofrecen una experiencia sin precedentes, si bien su coste las convierte en un producto reservado a una clientela muy selecta (a partir de 3.999 EUR). En las últimas generaciones de iPhones no se ha escatimado en novedades. Entre otras, cabe destacar la creciente capacidad de los sistemas de chips internos, los avances en el uso de nuevos materiales como el titanio, la precisión cada vez mayor de la cámara, la multiplicación de modelos dentro de cada categoría de productos para responder a una clientela diversificada, etc. En los ordenadores MacBook y las tabletas iPad, Apple ha demostrado su experiencia mejorando la rentabilidad y logrando proezas en cuanto al grosor de los dispositivos. Pero, sin duda, es en el ámbito de los servicios (App Store, Apple Music, Apple TV, Apple Pay, AppleCare, etc.) en el que ha registrado un mayor crecimiento. Desde 2016, los servicios son el segundo componente principal de la facturación (por detrás de los iPhone). Son ellos los que permiten evitar el declive desde 2021.
En términos más generales, la empresa con sede en Cupertino sigue aprovechando el poder de su marca y su ecosistema global. Por regla general, la gente no compra los productos de la marca porque sean mejores que los de la competencia. Poseer un producto Apple es un acto de adhesión a un universo que encarna ciertos valores, como la elegancia del diseño y la pertenencia a un determinado estatus social. A través de sus dispositivos, Apple vende una identidad, un arraigo cultural, casi un estilo de vida.
No obstante, desde hace dos años, los avances vertiginosos de la inteligencia artificial están transformando profundamente nuestro entorno digital. ChatGPT, de OpenAI, cuenta ya con unos 400 millones de usuarios semanales y es capaz de generar imágenes a partir de simples descripciones textuales. Numerosos programas de creación de sitios web promueven la ayuda asistida por inteligencia artificial, como por ejemplo Ionos. ElevenLabs permite crear voces sintéticas de un realismo asombroso. Los casos de uso se multiplican a una velocidad vertiginosa y la inteligencia artificial se está instalando progresivamente en todos los eslabones de la cadena digital.
Falta de innovación cada vez más exasperante
En sus comunicados, conferencias y presentaciones, Apple destaca sus avances en IA. Bautizadas como «Apple Intelligence», las nuevas herramientas se adaptan al contexto personal y ayudan a escribir y expresarse. Pero Apple no ha desarrollado una herramienta propia como suele hacer. La tecnología integrada es ChatGPT de OpenAI. En términos más generales, observadores y usuarios de todo el mundo albergan esperanzas de que se produzcan innovaciones como las que se han logrado en el pasado.
En efecto, hubo un tiempo en el que cada nuevo iPhone y cada producto de la marca Apple redefinían el modelo de la innovación tecnológica. Hoy en día, la dinámica ha cambiado: la marca ha alcanzado una cierta madurez. Este cambio no refleja un agotamiento, ya que Apple sigue introduciendo mejoras progresivas. Pero quizá sea precisamente esta evolución discreta la que alimenta la impresión de un ligero retraso. El efecto «guau» ya no es, ahora mismo, una realidad, aunque la innovación no se detiene. Se manifiesta menos a través de efectos espectaculares que de mejoras continuas. Hoy en día, Apple perfecciona más sus productos que los reinventa.
No obstante, en una época en la que la tecnología evoluciona a gran velocidad, las necesidades de los consumidores del mañana podrían ser muy diferentes a las de hoy. Eddy Cue, una de las manos derechas de Tim Cook, ha declarado: «Quizás dentro de diez años ya no necesiten un iPhone». No se descarta la idea de que un competidor introduzca una novedad revolucionaria, como hizo Apple en el pasado con el Macintosh, que fue el primer ordenador comercializado a gran escala con una interfaz intuitiva y accesible para los usuarios sin conocimientos técnicos, y con el iPhone, que supuso la invención del teléfono inteligente moderno. Quizás incluso esté en marcha, por ejemplo, con la empresa io de Jony Ive, figura clave en el diseño de Apple durante más de veinte años. io acaba de ser adquirida por OpenAI por 6.500 millones USD. El objetivo de la operación es desarrollar un dispositivo basado en la inteligencia artificial destinado a un uso generalizado.
A estas incertidumbres hay que añadir otros problemas que pueden afectar a la dinámica futura. Los reguladores están presionando cada vez más para que la empresa modifique las prácticas de la App Store. Por otra parte, un juez antimonopolio podría poner fin a los 20.000 millones USD que Alphabet gasta para que Google sea el motor de búsqueda por defecto. En Estados Unidos, es probable que se apruebe una ley para verificar la edad de los usuarios. En la cadena de suministro, Apple sigue muy vinculada a su dependencia de China y, por lo tanto, a los posibles efectos de los aranceles. El montaje final de muchos dispositivos ya se ha trasladado a la India, pero gran parte de los componentes siguen procediendo de China. Por último, no olvidemos la exigencia de Donald Trump de relocalizar la producción del iPhone en Estados Unidos so pena de una tasa adicional del 25%.
Evidentemente, no se prevé un destino similar al de Nokia o BlackBerry para Apple. Con una capitalización que sigue rondando los 2,9 billones USD, la empresa sigue firmemente asentada en la cima. Pero en los próximos trimestres y años, probablemente tendrá que hacer más. Si la innovación disruptiva sigue transformándose en optimización continua, el futuro podría perfilarse más en torno a los servicios que a la venta de productos tecnológicos. A menos que Apple logre proezas con nuevos dispositivos, como los cascos de realidad virtual, las gafas conectadas o los Airpods. Se verá en el futuro.




















