LONDRES, 19 oct (Reuters) - Reino Unido se enfrenta a un dilema en materia de combustibles fósiles: puede mejorar sus credenciales ecológicas deteniendo la explotación de hidrocarburos en el Mar del Norte, pero esto aumentaría su dependencia del combustible importado.

La forma en que Reino Unido trace el camino para alcanzar las cero emisiones netas en 2050 será objeto de examen cuando acoja la conferencia sobre el clima COP26 en Glasgow (Escocia), que comienza el 31 de octubre.

Las grandes petroleras afirman que el aumento de la producción puede desempeñar un papel en la gestión de la reducción, mientras que los activistas presionan para que se detengan inmediatamente los nuevos proyectos con maniobras publicitarias y medidas legales.

"Si la oferta desaparece y la demanda no cambia, eso sólo tiene una consecuencia y es una escalada de los precios", dijo este mes el consejero delegado de BP, Bernard Looney.

Reino Unido y otros países europeos ya lo han notado claramente. El crudo Brent, referencia basada en los barriles del Mar del Norte, ha subido más de un 60% este año, mientras que el precio del gas de referencia en el Reino Unido ha subido más de un 250%.

El reto que supone la disminución de la producción nacional y el aumento de las importaciones de combustible se ha dejado sentir en toda Europa. El precio del gas europeo al por mayor ha subido más de un 350% este año.

Reino Unido, que antes podía depender de sus propios yacimientos de petróleo y gas para encender sus centrales eléctricas, alimentar sus coches y calentar sus hogares, es un importador neto de energía desde 2005, ya que la producción del Mar del Norte ha disminuido.

Con la capacidad de sus instalaciones de almacenamiento de gas, que ahora sólo alcanzan para unos pocos días, la dependencia británica de los suministros "justo a tiempo" (los que se obtienen en las cantidades precisadas poco antes de ser usados) enviados desde Qatar o cualquier otro lugar, deja expuesto al país cuando el mercado se contrae, como ahora, con el aumento de la demanda a medida que las economías se recuperan de la pandemia del COVID-19.

PRESIÓN PARA ACTUAR

Para los activistas, la respuesta no es volver a abrir el grifo, sino reducir el consumo interno de combustibles fósiles.

"Pedimos a Boris Johnson que deje de impulsar nuevos proyectos de petróleo y gas", dijo el activista de Greenpeace Philip Evans, dirigiéndose al primer ministro británico, que ha estado presionando a otros países para que profundicen en sus compromisos climáticos antes de la COP26.

Unos 70 científicos y académicos enviaron una carta abierta publicada en el periódico británico Independent esta semana en la que pedían a Johnson que dejara de permitir la inversión y la concesión de licencias para nuevos yacimientos de petróleo y gas, afirmando que "ahora es el momento de tomar medidas políticas audaces".

Reino Unido ha avanzado en algunos aspectos. Es el mayor productor de energía eólica marina del mundo, y está ampliando este recurso rápidamente. Pero eso no da energía a los hogares en los días sin viento.

Sin embargo, aumenta la presión para que se actúe con mayor rapidez para frenar el uso de combustibles fósiles. La Agencia Internacional de la Energía afirmó en un informe que el mundo debe detener los nuevos proyectos de petróleo y gas para alcanzar los objetivos de la cumbre climática de París de 2015, que pretenden limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados para 2050 en comparación con los niveles preindustriales.

Reino Unido no se ha comprometido a poner fin a la exploración en el Mar del Norte, adoptando un enfoque similar al de Noruega, pero no al de Dinamarca, otro productor del Mar del Norte, que ha detenido nuevos proyectos.

Sin embargo, Reino Unido ha estado gestionando un descenso, con una producción que ahora es la mitad de su pico de 1999, con alrededor de 1 millón de barriles de petróleo equivalente por día (boepd), o alrededor del 1% de la demanda mundial de petróleo.

SEGURIDAD DEL SUMINISTRO

Oil and Gas UK (OGUK), un grupo industrial del sector, se ha comprometido a convertir el Mar del Norte en una cuenca operacionalmente nula para 2050, lo que significa que pretende eliminar, capturar o compensar cualquier emisión residual de la producción de petróleo y gas en el lugar.

En septiembre afirmó que la producción nacional era más barata y limpia que el gas importado, dado que el transporte de combustible genera emisiones y porque algunos otros países productores tienen un pésimo historial medioambiental.

La autoridad reguladora de los hidrocarburos de Reino Unido afirmó que el gas extraído de las aguas británicas del Mar del Norte tiene una intensidad media de emisiones de 22 kg de dióxido de carbono equivalente por barril de petróleo equivalente, mientras que el gas natural licuado (GNL) importado tenía una intensidad media de 59 kg.

Sin embargo, Greenpeace y otros activistas afirman que estos argumentos no tienen sentido: hay que dejar de utilizar los combustibles fósiles y no limitarse a intentar que su uso sea más limpio.

Para impulsar una acción más rápida, han llevado la campaña a los tribunales.

En un caso, Greenpeace intentó que un tribunal escocés anulara la licencia de un yacimiento de gas de BP por sus emisiones, aunque la acción fracasó. 

En otro caso, pretende detener el desarrollo del yacimiento de Cambo, frente a las islas Shetland, que pertenece en parte a Royal Dutch Shell.

(Reporte de Shadia Nasralla; edición de Edmund Blair; traducción de Flora Gómez)