En octubre de 2023, uno de los ingenieros de Chery, Riccardo Tonelli, dirigió una operación exprés de rediseño del SUV Omoda 5 destinado a Europa. El vehículo, inicialmente concebido para las carreteras lisas de China, debía adaptarse a los pavimentos irregulares y sinuosos del Viejo Continente. En solo seis semanas, Chery modificó la dirección, los frenos, el control de tracción, los amortiguadores y los neumáticos para, a continuación, iniciar los envíos a los concesionarios europeos.
Para Tonelli, que ha trabajado para una marca italiana y un fabricante coreano, tal rapidez sería inimaginable en un fabricante europeo, donde una modificación similar llevaría al menos un año.
Un ritmo chino que hace temblar a los gigantes
Este ejemplo ilustra la agilidad y la rapidez de reacción de los fabricantes chinos, que no solo han recuperado el control de su propio mercado automovilístico, el mayor del mundo, sino que también están empezando a amenazar seriamente a los líderes internacionales. Chery se impone como el primer exportador chino, mientras que BYD, el mayor fabricante del país, representa una amenaza a largo plazo aún más seria, según varios ejecutivos del sector.
Su arma principal son los ciclos de desarrollo reducidos a la mitad, o incluso más. Según AlixPartners, un nuevo modelo chino tiene una vida media de solo 1,6 años en el mercado nacional, frente a los 5,4 de un modelo extranjero.
En BYD, alrededor de 900.000 empleados trabajan en una única planta en Shenzhen. La empresa subvenciona todo: alojamiento, transporte, escuelas. A diferencia de sus competidores, BYD produce la mayoría de sus componentes internamente. El resultado: una reducción drástica del tiempo de desarrollo.
Los empleados, por su parte, están sometidos a ritmos dignos de los grandes momentos de la industrialización: seis días a la semana, doce horas al día, según Peter Matkin, ingeniero jefe de Chery.
Una rotación de Occidente a Asia
En 2024, BYD y Chery vieron cómo sus ventas mundiales se disparaban un 40%, mientras que Tesla experimentaba su primera caída anual. Desde 2020, los cinco mayores fabricantes extranjeros en China han visto caer sus ventas casi una tercera parte, mientras que los cinco principales agentes chinos las duplicaban.
Los gigantes occidentales intentan reaccionar: Volkswagen colabora con Xpeng, Toyota y Stellantis multiplican las alianzas para inspirarse en el modelo chino.
Ridiculizados en el pasado por sus copias de Toyota o Chevrolet, los fabricantes chinos están reinventando hoy el desarrollo automovilístico. Su receta es sacar rápidamente al mercado vehículos «suficientemente buenos», reducir los prototipos, apostar por la simulación y ajustar después del lanzamiento.
La competencia interna, a tenor de la cual 93 marcas poseen menos del 0,1% de la cuota de mercado, impulsa la innovación permanente. Y el exceso de capacidad de producción acentúa aún más esta presión, con precios cada vez más bajos.
Para sobrevivir, los fabricantes chinos se vuelven hacia el mercado internacional, donde sus coches se venden a precios elevados. Y aunque las marcas occidentales mantienen una ligera ventaja en cuanto a la calidad percibida, ya no pueden seguirles el ritmo en materia de precios.
En esta carrera, la velocidad es la reina. BYD, por ejemplo, ha lanzado 40 nuevos modelos desde que salió al mercado el Model Y de Tesla en 2020, frente a solo cinco referencias de la estadounidense.
Métodos radicales pero eficaces
Incluso Toyota se ha visto sorprendida por la flexibilidad de BYD en el desarrollo del modelo bZ3. Mientras que los japoneses solo confían en los prototipos sucesivos, los chinos no dudan en cambiarlo todo en el último momento. Sin embargo, sus vehículos obtienen cinco estrellas en las pruebas de choque Euro NCAP.
En Zeekr, la marca de alta gama de Geely, los equipos de China y Suecia se turnan continuamente, aprovechando la inteligencia artificial y las bases de datos de diseño para optimizar la producción y los costes.
Las farragosas regulaciones occidentales también juegan en contra de sus campeones. Un antiguo ingeniero de Volkswagen cuenta que un simple cambio gráfico en un GPS requirió… 75.000 km de pruebas.
Chery, el ambicioso aspirante
A menudo ignorada en Europa, Chery se está convirtiendo en una seria amenaza. En 2024, exportó 1,14 millones de vehículos a más de 100 países. Además de sus modelos térmicos, la marca desarrolla en paralelo versiones de gasolina, híbridas y eléctricas.
¿Su punto fuerte? La velocidad. Cada modelo cuenta con entre 5 y 10 diseños digitales, que se prueban en bucle. Si un diseño no gusta, se sustituye. En menos de dos años, se puede crear un nuevo modelo desde cero.
El mensaje es claro: los fabricantes chinos ya no son seguidores, sino líderes en plena aceleración. Y los gigantes de ayer corren el riesgo de convertirse en los rezagados del mañana.



















