El logro merece respeto, sobre todo porque va acompañado de una excelente gestión que ha permitido una notable expansión de los beneficios líquidos, o flujos de efectivo libre, que se han triplicado durante el periodo.

Este aumento de la liquidez permite financiar una estrategia de crecimiento externo sin recurrir demasiado al apalancamiento y, sobre todo, impulsar considerablemente la rentabilidad del capital para los accionistas.

Así, el dividendo se ha duplicado entre 2015 y 2024 y, desde la pandemia, Loomis ha puesto en marcha un programa regular de recompra de acciones.

Loomis sigue manteniendo el 54% de su actividad en el transporte y almacenamiento seguro de efectivo, el 18% en servicios de caja en tiendas y el 21% en la gestión de cajeros automáticos. Para los inversores, se trata, por tanto, de una apuesta directa por el uso de este medio de pago.

Más allá de sus mercados clave en Escandinavia, Europa Occidental y Estados Unidos, el grupo está intentando abrirse camino en América Latina —donde dos tercios de los pagos se realizan en efectivo—. Argentina y Chile son las cabezas de puente en la región, pero por el momento ocupa una posición marginal en estos dos mercados.

Los accionistas abogarán sin duda por una aceleración de las recompras de acciones, ya que, en bolsa, el precio de la acción sigue cotizando cerca de sus múltiplos de beneficio operativo más bajos en diez años.

Por lo tanto, como se puede ver, el mercado no cree mucho en la capacidad de Loomis para repetir en los próximos diez años la impresionante rentabilidad de los anteriores.