Lo vimos en Starbucks, donde la salida de Laxman Narasimhan, que fue sustituido por Brian Niccol -antiguo director general de Chipotle-, impulsó inmediatamente el precio de la acción.
Lo mismo ocurrió con Nike. Empantanada por unos beneficios por acción dolorosamente estancados durante los últimos cuatro años -a pesar de que las ventas han crecido una cuarta parte y se gastan 4.000 millones de dólares al año en recompra de acciones-, el fabricante de equipamiento deportivo anunció el jueves que John Donahoe abandonaba la empresa.
Fuente: MarketScreener
Donahoe, al igual que Narasimhan, es antiguo alumno de McKinsey. Su sucesor es Elliott Hill, un veterano de Nike que empezó como aprendiz en el departamento de ventas, antes de escalar posiciones y acumular treinta y dos años de experiencia en la empresa.
También es socio de BDT & MSD, el prestigioso banco de inversión estadounidense con sede en Chicago y fundado por Byron Trott. Byron Trott - "el banquero favorito de Warren Buffett"- y al que más tarde se unió Michael Dell.
La cotización de las acciones de Nike se disparó en cuanto se anunció el nombramiento de Hill. MarketScreener señala que la estructura de la remuneración del nuevo director general tiene sentido, con un componente fijo razonable y un componente variable justo. Esto contrasta con los excesos que se ven con demasiada frecuencia en otros lugares.
La valoración de Nike había caído a veinte veces los beneficios, su nivel más bajo en veinte años. La tentación de aprovechar un rebote técnico era muy fuerte. Los aficionados al momentum se alegrarán de saberlo la próxima vez que se produzca un cambio comparable en el liderazgo.


















