La mala imagen de la asociación entre Elon Musk y Donald Trump, la caída de las ventas de vehículos eléctricos y la competencia, ahora muy intensa en este segmento, han provocado una caída del 30% en la facturación de la división automovilística con respecto al trimestre anterior.
Igualmente preocupante es que la división de energía, la más pujante en Tesla, pues había duplicado sus ventas en 2024, también se ha visto afectada, con una caída de la facturación del 11% con respecto al trimestre anterior; lo mismo ocurre con la división de servicios, cuya facturación ha descendido un 8%.
En consecuencia, debido al fuerte apalancamiento operativo, el beneficio operativo y el beneficio por acción se han dividido entre cuatro en tres meses. Esta evolución de los acontecimientos obliga a Elon Musk a distanciarse de su Departamento de Eficiencia Gubernamental para volver a implicarse más en la dirección de Tesla.
Sin embargo, se sabe que el empresario sudafricano albergaba grandes ambiciones al frente de ese ministerio, entre ellas la de abordar de frente el sector de la defensa. Véase al respecto Northrop Grumman: Reevalúa los presupuestos de producción del B-21, publicado en estas mismas páginas esta mañana.
La mala prensa que rodea a Tesla desde hace algún tiempo no es nueva, pero Musk ha multiplicado las declaraciones grandilocuentes y las promesas incumplidas; lo que sus críticos han documentado religiosamente, por supuesto. Sin embargo, el grupo no ha perdido nada de su aura bursátil, al menos a juzgar por los múltiplos de sus valoraciones actuales.
Parece que muchos inversores siguen apostando por un futuro lucrativo, poblado de robots humanoides Optimus —no importa que se necesiten «500.000 millones de dólares» para financiar su desarrollo, según el propio Musk— y taxis autónomos basados en chasis, baterías y software operativo de Tesla.
Es cierto que apostar contra Musk nunca ha sido una apuesta ganadora, incluso cuando se acumulaban los elementos en su contra. Y, por mucho que nos riamos cuando afirma que Optimus convertirá a Tesla en una empresa valorada en «veinticinco billones de dólares», el precedente de SpaceX nos hace replantearnos nuestra opinión.
Sea como fuere, la gloriosa epopeya de Tesla en el mercado automovilístico parece haber llegado a su fin, ya que su rentabilidad se ajusta ahora a la media del resto de actores del sector.
Por otra parte, la última cuenta de resultados trimestral revela una curiosa ironía: la totalidad de los beneficios de Tesla en los últimos tres meses proviene de las subvenciones del Gobierno federal para la compra de vehículos eléctricos. ¡No está mal para un gran detractor de la intervención del Estado en la economía!



















