Comencemos con una precisión técnica. Las piezas en cuestión, fabricadas por la española Sofitec Aero, presentan un grosor no conforme, consecuencia de un defecto en el proceso de estirado y fresado. Si bien alrededor del 40% de los aviones afectados aún se encuentran en fase de montaje, los ingenieros de Airbus deben ahora inspeccionar cientos de aviones, lo que trastoca todo el calendario de entregas.
El contratiempo llega en el peor momento para el fabricante, pues en noviembre las entregas ya fueron «bajas», en palabras de Guillaume Faury, su director general. Airbus habría servido 72 aviones ese mes, una cifra inferior a las expectativas. «Hemos tenido que interrumpir la entrega de algunos aviones terminados, pero con incertidumbre sobre los paneles», reconoció Faury, para añadir que la situación podría prolongarse en diciembre. Se han previsto reuniones internas para evaluar el impacto operativo de esta crisis de última hora, en un momento en el que los ritmos de entrega son tradicionalmente los más tensos del año.
Los problemas no llegan solos
Este incidente técnico se suma a otro episodio que movilizó a los equipos de Airbus el pasado fin de semana: una actualización del software de emergencia impuesta a miles de A320 tras un incidente ocurrido en vuelo a finales de octubre. La flota quedó temporalmente inmovilizada para corregir un fallo de seguridad relacionado con las erupciones solares. Aunque la gran mayoría de los aviones pudieron repararse rápidamente, esta retirada sin precedentes contribuyó a desorganizar aún más la actividad del fabricante en este final de año, ya de por sí ajetreado.
Previsiones financieras sin cambios, una señal de fortaleza
A pesar de todo, Airbus mantiene por ahora sus objetivos financieros: 7.000 millones EUR de EBIT ajustado y 4.500 millones de flujo de efectivo libre para 2025. Con todo, el castigo del mercado no se ha hecho esperar y la acción ha caído un 7% en dos sesiones.
Al mismo tiempo, su gran rival, Boeing, comunicaba sus avances, lo que le valió ayer un repunte del 10% en Wall Street. Las dos compañías se relacionan por una especie de juego de vasos comunicantes en el marco de uno de los mayores oligopolios de las últimas décadas. Pero, a diferencia de la empresa estadounidense, que ocultó cuidadosamente sus problemas durante todo un periodo de profunda crisis industrial, Airbus ha optado por la transparencia, con la esperanza de que el mercado le dé crédito, lo que parece ser el caso esta mañana (la acción subía un 2% poco después de la apertura).
En términos absolutos, un retraso en la entrega de este tipo no es más que un pequeño contratiempo en comparación con los retos a los que se enfrenta Boeing con su B737MAX. Al final, los problemas nunca vienen solos.


















