Son los ataques aéreos en Irán —una operación cuya primera fase comenzó en junio de 2025— los que explican el impresionante repunte especulativo de las acciones de Alcoa, más que el impacto de los aranceles, que la dirección considera insignificante. Según sus propias declaraciones, las ganancias en el mercado nacional se ven contrarrestadas por las penalizaciones que soportan las operaciones del grupo en el extranjero.
Como líder mundial del sector, Alcoa podría beneficiarse de un precio del aluminio que se ha disparado hasta alcanzar máximos históricos ante la previsión de una reducción de la oferta. Muy expuestos a los precios de la energía, muchos productores que ya se encuentran en una situación delicada se ven directamente afectados por la crisis en Oriente Medio.
Alcoa lo está menos, gracias sobre todo a sus plantas en Canadá, donde una parte importante de su producción se basa en la energía hidroeléctrica, y en Estados Unidos, donde el precio del gas sigue siendo estructuralmente bajo —y parece que lo seguirá siendo con el aumento de la producción de petróleo de esquisto, que libera gas como subproducto—.
Este repunte coyuntural eclipsa unos fundamentos que siguen siendo poco halagüeños. La facturación de Alcoa lleva diez años estancada —lo que equivale a decir que retrocede claramente una vez ajustada a la inflación—, mientras que su beneficio de explotación sigue siendo extremadamente irregular.
No obstante, el grupo vuelve a cotizar en un pico especulativo similar al observado en plena pandemia de la COVID. Al igual que entonces, su capitalización bursátil ha aumentado hasta toparse con un techo de tres veces el capital propio.
Es cierto que en 2025 registró una rentabilidad sobre los fondos propios del 19,7%, en claro contraste con su lamentable media de diez años del 2,3%: esto da una idea de hasta qué punto el último ejercicio fiscal fue excepcional en todos los aspectos.
Dicho esto, además del repunte del aluminio, que debería contribuir en mayor medida a los resultados en 2026, el último beneficio anual de Alcoa se sustenta sobre todo en una situación fiscal inusualmente favorable, así como en una ganancia por la venta de activos que representa la casi totalidad del beneficio antes de impuestos.



















