Al parecer, la desmesura en la financiación de la carrera por aumentar la capacidad de computación le obligaba a adelantarse y cubrirse las espaldas. La decisión ha sorprendido a más de un analista que sigue al grupo de Palo Alto, que en su último ejercicio fiscal presentaba un balance sin deuda neta y generaba un beneficio de explotación de 130.000 millones USD.
Surgen dos interpretaciones inmediatas: o bien los mercados de crédito atraviesan una tensión profunda, incluso para emisores con la mejor calificación y en el sector más de moda del momento; o bien Alphabet considera que su acción está sobrevalorada —o, al menos, en un nivel que hace más atractiva la emisión de títulos que recurrir al crédito en un entorno de tipos en máximos de los últimos veinte años—.
¿O tal vez ambas cosas a la vez? Alphabet cotiza actualmente con múltiplos próximos a sus máximos históricos. Los inversores parecen coincidir con Arvind Krishna, consejero delegado de IBM, quien sostiene que el auge y el éxito de la inteligencia artificial (IA) dependerán sobre todo de la distribución, es decir, favorecerán en primer lugar a las empresas con grandes bases de usuarios.
En este contexto, la distribución se impone a la tecnología pura. Así, Alphabet, Amazon, Apple o Meta parten con ventaja en un entorno que, en el fondo, no difiere tanto del anterior. Véase a este respecto Perspectivas sobre la IA de una IBM en transformación, publicado la semana pasada en estas mismas páginas.
Aunque el anuncio de Alphabet acaparó titulares y centró la atención de los analistas, conviene poner las cifras en perspectiva. Para una empresa con una capitalización bursátil de 4,5 billones USD, ¿qué suponen 80.000 millones, sino menos del 2% de su valor en bolsa y, como se ha visto, apenas algo más de un semestre de beneficio operativo?
Quizá lo más relevante sea el cambio de paradigma. Alphabet no captaba capital desde 2005, el año posterior a su salida a bolsa. Desde entonces, el gigante de Palo Alto generaba tanto efectivo que la cuestión era más bien cómo emplearlo que dónde obtenerlo.
Pero la irrupción de la IA está alterando ese equilibrio. Para 2027, los analistas prevén que las inversiones del grupo tripliquen las de 2025, hasta absorber prácticamente la totalidad de su flujo de efectivo operativo. En este nuevo escenario, Alphabet no podrá autofinanciar sus habituales retribuciones al accionista.
En cualquier caso, y como apunta Arvind Krishna, en esta incipiente carrera armamentística los mejor posicionados serán los más ricos. Alphabet, con un negocio publicitario que genera 200.000 millones USD anuales y márgenes extraordinarios, parte con una ventaja importante frente a otros protagonistas del sector.
El gran ausente de este esfuerzo colectivo sin precedentes es, sin duda, Apple. El gigante de Cupertino no ha desarrollado su propio modelo de lenguaje. Aun así, mantiene cuotas muy elevadas en la interfaz física entre la tecnología y el usuario, un ámbito en el que ha decidido concentrar su estrategia.



















