La cuestión «más importante para Europa es saber si Estados Unidos está dispuesto a ser tan leal como prevén nuestros tratados [de la OTAN]». La declaración corresponde a un dirigente europeo en una entrevista publicada el 24 de abril en el Financial Times. ¿El presidente del Gobierno de España? ¿El francés?
No, la afirmación proviene del primer ministro polaco, Donald Tusk. Es, por tanto, el líder del país considerado como el más atlantista de Europa quien cuestiona el compromiso estadounidense con la OTAN. Una postura inimaginable hace apenas unos años que, por sí sola, ilustra la creciente desconfianza hacia el aliado estadounidense.
El segundo mandato de Trump: una ruptura
A finales de diciembre, ya escribíamos que 2025 había marcado una ruptura entre Europa y Estados Unidos. Esta parece acentuarse en 2026. Trump comenzó el año amenazando con apoderarse de Groenlandia por la fuerza. Un territorio bajo soberanía de Dinamarca, país miembro de la alianza atlántica. De hecho, los europeos se han mostrado abiertos a realizar más esfuerzos para asegurar Groenlandia, así como a un refuerzo de la presencia estadounidense mediante nuevas bases.
La tensión llegó a su punto máximo pocos días antes de la cumbre de Davos. Donald Trump amenazaba entonces con gravar los vinos y champanes franceses con un 200%. Pero la firmeza de los europeos y la mediación del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, llevaron finalmente al presidente estadounidense a dar marcha atrás.
Foro Económico de Davos, 21 de enero de 2026
Al menos tácticamente. Se trata, en efecto, de una obsesión que viene de largo. En 2019, ya había planteado la compra de Groenlandia, lo que provocó una crisis diplomática con Dinamarca. Y el 6 de abril, al término de una rueda de prensa dedicada a la situación en Irán, concluyó su intervención con este ataque contra la OTAN: «Todo empezó, si quieren saber la verdad, con Groenlandia. Queremos Groenlandia. No nos la quieren dar. Así que dije: "¡Adiós!"».
Hacer pagar a los europeos
La amenaza de una retirada de la OTAN ha sido blandida por Donald Trump desde su primer mandato. El presidente estadounidense siempre ha arremetido contra esta alianza que, según él, hace recaer la carga de la defensa europea sobre el contribuyente estadounidense. Una crítica justificada, ya que los gobiernos europeos recortaron los presupuestos militares tras el fin de la Guerra Fría. Pero esta visión puramente mercantilista ignora el interés estratégico de la OTAN para Estados Unidos. Una alianza que es también un formidable mercado para la industria armamentística estadounidense.
En su biografía, el ex secretario general de la OTAN (2014-2024), Jens Stoltenberg, relata los entresijos de la cumbre de Bruselas en 2018, donde Trump hizo tambalear la Alianza Atlántica. Describe, en particular, una reunión en la que el presidente estadounidense repartió elogios y, sobre todo, reproches a sus homólogos.
«Trump retomó la palabra y enumeró las contribuciones de los Estados miembros como porcentaje del PIB, como si estuviera anunciando los resultados de Eurovisión: "Bélgica: 0,9. Menos del 1%. Croacia: Oh, estoy tan decepcionado, no me lo puedo creer: 1,26%. Deberían sentirse miserables", dijo buscando con la mirada al representante correspondiente. «Estonia: 2%. ¡Gracias! Francia: 1,79%. No está mal, Emmanuel. No está mal. No llevas suficiente tiempo como presidente, seguro que esto caerá en picado. Alemania: 1,2%. ¡Vamos, Angela!». Luego, dirigiéndose a Xavier Bettel, primer ministro de Luxemburgo: "Luxemburgo, tú que eres tan simpático, ¿en cuánto estás? 0,46%. Ya no te hablo. Pero no pasa nada. Mi mujer piensa que eres un tipo estupendo"».
Es probablemente para evitar este tipo de reuniones por lo que la OTAN se plantea poner fin a la organización de cumbres anuales, según informaciones de Reuters.
Cumbre de la OTAN, Watford (Reino Unido), 4 de diciembre de 2019
Desde aquella cumbre de 2018, la guerra en Ucrania ha empujado a los europeos a reforzar su posición en términos de gasto en defensa. En 2025, todos los países alcanzaron el objetivo del 2% del PIB (eran solo 3 en 2014). La presión de Donald Trump incluso llevó a los 32 miembros de la alianza atlántica a elevar este objetivo al 5% del PIB el año pasado, durante la cumbre de La Haya (3,5% para defensa en sentido estricto y hasta un 1,5% para gastos periféricos relacionados con la defensa: infraestructuras, ciberseguridad…).
Trump ha logrado, por tanto, que sus aliados de la OTAN paguen. Pero este esfuerzo presupuestario no parece ser suficiente para satisfacer al inquilino de la Casa Blanca.
Irán como acelerador
La guerra en Irán parece haber ampliado aún más las divisiones entre estadounidenses y europeos. Donald Trump ha reprochado a estos últimos no haberle brindado su apoyo, poniendo en duda a cambio su compromiso con la OTAN. Los líderes europeos consideran, por su parte, que esta guerra no es suya y recuerdan que Estados Unidos lanzó esta ofensiva sin consultarles.
A finales de abril, Reuters revelaba la existencia de un correo electrónico interno del Pentágono que mencionaba posibles sanciones contra aliados de la OTAN considerados deficientes. Entre las medidas contempladas figuraban una suspensión de España de la Alianza, así como una revisión de la postura estadounidense sobre la soberanía británica de las Islas Malvinas.
El viernes, Donald Trump pasó a la acción anunciando la retirada de 5.000 soldados estadounidenses de Alemania. Paralelamente, la Casa Blanca podría cancelar un proyecto de despliegue de misiles de largo alcance en Alemania, según el Wall Street Journal y la cadena CBS. La decisión de Trump se produjo tras los comentarios del canciller Merz, quien afirmó que Estados Unidos estaba siendo «humillado» por Irán.
Base estadounidense de Ramstein (Alemania)
Alemania es el país europeo que acoge el mayor contingente estadounidense en Europa, con 36.000 soldados. Las bases europeas son puntos de apoyo fundamentales para las fuerzas estadounidenses. Este ha sido, de hecho, uno de los puntos de fricción entre estadounidenses y europeos en los últimos dos meses, ya que algunos países se han negado a que sus bases sean utilizadas para atacar a Irán.
Si los líderes europeos ya no dudan en mostrar su descontento, o incluso en oponerse a Trump, es también porque la opinión pública ha dado un vuelco. En España, Italia y Francia, cada vez más personas ven a Estados Unidos como una amenaza más que como un aliado cercano, según una encuesta de Politico.
Dudas sobre el compromiso estadounidense
Pero la reducción de la presencia militar estadounidense en Europa no es, quizás, el elemento más preocupante. Estados Unidos probablemente necesite capacidades operativas en otros escenarios (Oriente Próximo hoy, Asia a más largo plazo), mientras que el fortalecimiento de los ejércitos europeos debería permitirles tomar el relevo.
Lo que resulta más inquietante es que, desde ya, los aliados de la OTAN no parecen estar convencidos de que la Alianza cumpliría su función en caso de necesidad.
El fundamento de la OTAN es el artículo 5, aquel que estipula que un ataque contra un miembro se considera un ataque contra todos. En otras palabras, la credibilidad de la Alianza reside en la convicción de que todos los aliados intervendrán si un país de la OTAN sufre un ataque.
Sin embargo, Trump ha expresado en varias ocasiones sus dudas sobre el compromiso de los aliados para defender a Estados Unidos si este fuera atacado. El 6 de abril, llegó a calificar a la OTAN de «tigre de papel». Una duda que ahora es recíproca, como ha expresado el primer ministro polaco. Esta pérdida de confianza perjudica la capacidad de disuasión de la OTAN.
Este clima está llevando a Europa a tomar más las riendas de su destino. Según el Wall Street Journal, varios países trabajan en una «OTAN europea»: un plan de contingencia para asegurar la defensa del Viejo Continente en caso de una salida de Estados Unidos. Los países de la UE también reflexionan sobre una doctrina de aplicación para su cláusula de asistencia mutua: el artículo 42, apartado 7, del Tratado de la UE. También están surgiendo otros formatos en materia de defensa, como la coalición de voluntarios para el apoyo a Ucrania, liderada por Francia y el Reino Unido.
En los discursos, no obstante, los líderes europeos niegan querer distanciarse de Estados Unidos, aludiendo a menudo al «pilar europeo de la OTAN». Pero en la práctica, los europeos se están preparando para tener que prescindir de los estadounidenses. En su visita a Grecia a finales de abril, Emmanuel Macron resumía así el sentimiento hacia el aliado estadounidense: «Nadie está totalmente seguro de que este aliado sea fiable».




















