Y ese desenlace probablemente habría podido deberse a cualquier otro catalizador: una mala noticia procedente del Golfo Pérsico o de Líbano, el anuncio de Meta de una emisión de deuda por varios decenas de miles de millones de dólares para comprar capacidad de computación, otra decepción tras la de Broadcom, etcétera.

La subida de las últimas nueve semanas fue excepcional, y la corrección del 5 de junio también lo fue. El Nasdaq 100 cayó un 4,77% y batió su récord histórico de puntos perdidos en una sola sesión, con 1.450 unidades menos; desde su máximo intradía marcado a la apertura 48 horas antes, acumula un descenso de 1.800 puntos.

Mismo motivo, misma penalización para el Nasdaq Composite, que retrocedió un 4,2% hasta 25.709 puntos, es decir, 1.120 puntos menos.

Los valores de pequeña y mediana capitalización también pagaron un elevado peaje el pasado viernes, sobre todo aquellos que se habían lanzado a la carrera de la inteligencia artificial endeudándose con fuerza. El Russell 2000 cayó un 3,5% cuando todavía igualaba su récord absoluto de cierre del 28 de mayo, en 2.936 puntos.

El SOXX, que había avanzado más de un 100% desde el 30 de marzo y cuya capitalización bursátil alcanzaba los 40.820 millones USD el miércoles por la noche, se desplomó un 10,45% hasta 539,8 puntos. Una caída de 62 puntos, equivalente a 4 billones USD de capitalización, constituye también un récord histórico de pérdida en una sola sesión para un ETF.

Conviene recordar que numerosos inversores se habían lanzado a comprar ETF apalancados 3x vinculados al SOXX, con pérdidas superiores al 31% en una sola sesión.

El índice sintético de semiconductores se hundió un 6,6% en cascada, con 4,6 billones USD de valor bursátil borrados. El golpe alcanzó a Marvell (-16,8%), Micron (-13,2%), ARM (-13%), Sandisk (-11,4%), Intel (-11,3%), Qualcomm (-11%), AMD (-10,9%), Applied Materials (-9,7%) y Microchip (-8,3%), sin olvidar a Broadcom (-7,8%, tras caer un 12% el jueves), Dell (-6,5%) y Nvidia (-6,2%), entre otros.

En las últimas semanas se habían acumulado posiciones masivas en calls sobre los valores citados, mientras que las compras a crédito batían todos los récords, con 1,35 billones USD. Los ajustes de margen ya causaron estragos el viernes y, si Wall Street reabre el lunes en negativo, se desencadenará una auténtica reacción en cadena.

El ratio call/put había alcanzado el miércoles por la noche un récord del 70% en calls: nunca los inversores se habían cubierto tan poco ante una posible vuelta del mercado. El notional vivo de las calls superaba ampliamente la capitalización del Nasdaq y del S&P 500.

Una de las preguntas que los analistas se harán durante mucho tiempo es cómo pudo prolongarse este rally nueve semanas y media sin la menor pausa, con un ratio avance/descenso sistemáticamente negativo en los diez últimos máximos registrados desde el 5 de mayo.

El desplome del viernes 5 de junio disparó el VIX un 40%, hasta 21,50, su peor nivel desde el 8 de abril. La víspera mostraba una complacencia llamativa, con una lectura de 15,20 durante la sesión.

El mercado cerró el jueves por la noche al rojo vivo y los datos de las nóminas no agrícolas llegaron para enfriarlo de golpe: la economía estadounidense creó 172.000 empleos el mes pasado, frente a solo 85.000 que esperaban los economistas.

Además, los datos de abril se revisaron al alza con fuerza, desde 115.000 hasta 179.000 nuevos puestos de trabajo. Eso supone 150.000 empleos más de lo previsto en dos meses, pese a los despidos masivos en el sector de la inteligencia artificial, una paradoja absoluta.

Los sectores que más empleo generaron fueron ocio y hostelería (+70.000, con el Mundial de fútbol a una semana vista), empleo federal (+55.000), sanidad (+35.000) y servicios personales (+12.000).

La tasa de desempleo se mantuvo estable en el 4,3% —pleno empleo—, en línea con las previsiones. El salario horario subió un 0,32% y la tasa de actividad parece anclada en el 61,8%.

Estas cifras confirman la resistencia del mercado laboral estadounidense: no solo la probabilidad de una próxima rebaja de tipos de la Fed en la reunión del 17 de junio cae prácticamente a cero, sino que la de una subida en la cita de política monetaria de septiembre asciende al 80%.

La rentabilidad del bono estadounidense a dos años se disparó 12 puntos básicos, hasta el 4,17%, mientras que la del diez años avanzó 8 puntos básicos, hasta el 4,558%. Incluso el bono canadiense a diez años sufrió la contagión, con un alza de 5 puntos básicos hasta el 3,487%, e incluso el 3,5300% al inicio de la noche.

El fuerte avance del dólar, del 0,7%, lastró lógicamente a los metales preciosos. El oro cedió un 3,5% hasta 4.300 dólares, pero fue sobre todo la plata la que se desplomó, con una caída del 8% que la llevó por debajo de los 68 dólares por onza por primera vez desde el 30 de marzo.

En el mercado de criptomonedas, el derrumbe fue total, en una confirmación de su estrecha correlación con los activos de riesgo —el Nasdaq cae un 4,6% en la semana—. El bitcoin, que retrocedió un 5,8%, amenaza ya el umbral de los 60.000 dólares. Strategy se encuentra ahora en patrimonio neto negativo de 15.000 dólares por cada uno de los 820.000 bitcoin que posee, es decir, 12.300 millones USD.

También se asiste a una auténtica liquidación en Ethereum, que cayó un 11% hasta 1.570 dólares —el ether aún valía 2.000 dólares el martes por la mañana a las 7:00, lo que supone un retroceso del 21%—, mientras que Solana llegó a perder un 10%, hasta 61,7 dólares, con una caída del 15% en 48 horas.

Desde hace varios días circulaba el rumor de ventas de criptoactivos para financiar la participación en la salida a bolsa de SpaceX, valorada en 1,73 billones USD.