A menos que actúen de mutuo acuerdo, todo apunta a una próxima lucha a cara de perro entre el extravagante gestor de hedge funds neoyorquino y el gran depredador Vincent Bolloré, que controla algo menos de una cuarta parte del capital de Universal. Ninguno de los dos es un principiante en la materia, pero es probable que el primero subestime la astucia y los recursos del segundo si su oferta es, en realidad, de naturaleza hostil.

Ackman acompaña su oferta con un comunicado en el que sostiene que el bajo desempeño bursátil de Universal se debe más a su cotización en Ámsterdam que a los resultados económicos de su actividad. Mediante un «rerating», un simple traslado a Nueva York sería suficiente, según él, para que la valoración del grupo recupere su valor razonable.

Esta visión parece algo corta de miras en un momento en que la desconfianza de los inversores hacia los tres grandes sellos (Universal, Sony y Warner) es extrema. El cartel se encuentra inmerso en una curiosa carambola a varias bandas con los artistas, las plataformas como Meta, los distribuidores de streaming y, ahora, la IA, sin que se pueda discernir claramente quién lleva la voz cantante.

Ciertamente, no es la primera revolución tecnológica a la que se enfrentan, desde la descarga ilegal hasta el auge del streaming, y en el nuevo reparto de cartas que se vislumbra, Universal conserva sin duda grandes bazas: 4 de los 5 principales artistas en Spotify pertenecen a su catálogo, al igual que 7 de cada 10 reproducciones en TikTok.

Sin embargo, el desempeño económico del grupo sigue siendo cuestionable. Los flujos de efectivo se han estancado durante cuatro años, mientras que las inversiones no han dejado de crecer: alcanzaron un máximo de más de 1.000 millones EUR el año pasado, antes de descender a 854 millones en 2025. En los últimos doce meses, el flujo de efectivo libre se situó en 702 millones EUR, es decir, por debajo del dividendo distribuido durante el periodo.

El mercado ha penalizado severamente esta falta de visibilidad, hasta el punto de que la acción de Universal cotiza hoy un tercio por debajo de su precio de salida a bolsa de septiembre de 2021. Es cierto que siempre ha sido difícil saber a qué atenerse, aunque cabe destacar que el streaming ha sido hasta ahora una oportunidad de oro para Universal, ya que su cifra de negocios se ha duplicado en diez años.

En la era de la inteligencia artificial generativa, ¿han quedado atrás sus mejores días? Nada es menos seguro, aunque la oferta de Ackman parece pecar de exceso de optimismo y resulta muy generosa.