BMW, al igual que sus competidores, se enfrenta al auge de las marcas asiáticas, el aumento de los costes industriales y la debilidad de la demanda, que se ha visto penalizada por la disminución del poder adquisitivo de los clientes. Ya el año pasado, los ingresos y los márgenes se redujeron de forma notable y las perspectivas para los próximos ejercicios no invitan al optimismo. El impacto más pronunciado de lo previsto de los aranceles, combinado con el aplazamiento hasta 2026 del reembolso de los importes que el grupo debía recuperar este año, ensombrece aún más el panorama. BMW prevé ahora un margen operativo (EBIT) de entre el 5 y el 6%, frente al 5-7% anterior, y un flujo de efectivo libre superior a 2.500 millones EUR, frente a los más de 5.000 millones anteriores.

El grupo alemán tiene grandes esperanzas puestas en la Neue Klasse, su futura plataforma 100% eléctrica que servirá de base para sus nuevos modelos a partir de 2026. Este proyecto permitirá a la marca partir de cero, ya que durante años se había contentado con adaptar plataformas diseñadas para motores térmicos. Según la dirección de la empresa, esta nueva arquitectura promete una reducción de costes de hasta el 50%, un 30% más de autonomía y tiempos de recarga más cortos. El objetivo final es recuperar los márgenes y reforzar la competitividad del grupo frente a Tesla y las marcas chinas.

Pero el mercado de los vehículos eléctricos sigue siendo frágil. Tesla es el mejor ejemplo de ello. Su catálogo está quedando obsoleto, lo que explica la decisión de sacar al mercado versiones más baratas de los Model Y y 3. En Estados Unidos, el fin de las subvenciones federales también está afectando a la demanda. En términos generales, además, los fabricantes sufren la fuerte competencia china, que afecta a los volúmenes y a los márgenes.

No obstante, los analistas invitan a relativizar la advertencia, pues la disminución prevista del flujo de efectivo libre se explicaría sobre todo por un desfase temporal, en la medida en que el reembolso de los aranceles está aplazado hasta 2026. Por lo tanto, la tesorería volverá a aumentar mecánicamente en 2026. Además, BMW mantiene un balance sólido.

Esto explica por qué los inversores siguen valorando la acción a niveles cercanos a su media histórica y con una rentabilidad por dividendo de entre el 4,9% y el 6%. La reorganización de la red comercial constituye una ventaja para estabilizar los precios. No obstante, la visibilidad es escasa en la actualidad para todos los fabricantes europeos. El mercado sigue en una situación muy complicada.