Un ataque con dron contra Ras Laffan, el complejo catarí que produce una quinta parte del gas natural licuado mundial, bastó para disparar los precios europeos un 39% y los británicos un 45% en una sola sesión. El mercado norteamericano (Henry Hub), por su parte, se mostró más tranquilo, con una subida de apenas el 3,5%.

Los dos grandes exportadores estadounidenses de gas natural licuado, Cheniere Energy y Venture Global, no han esperado a una segunda andanada para poner cifras a su buena suerte. La primera subió un 5,6% ayer; la segunda, un 17,5%. La razón de esta diferencia es que Venture vende un tercio de su producción a precio de mercado al contado, frente a menos de una décima parte en el caso de Cheniere.

Entre los analistas hay unanimidad: ningún proveedor puede sustituir a Catar a corto plazo. Las nuevas capacidades estadounidenses existen sobre el papel —Golden Pass abrirá en unas semanas—, pero alcanzar un ritmo a plena capacidad llevará meses.

En Europa vuelve a planear el fantasma de 2022. Aquel año, la pérdida del suministro de gas ruso pulverizó los récords de precios y puso de rodillas a la industria europea, hasta que el gas natural licuado de Estados Unidos y de Catar tomó el relevo.

Tras un largo período de rodaje, Cheniere, que ha multiplicado por diez su facturación en diez años, se ha vuelto de forma estructural muy rentable. En los últimos cinco años, la compañía, con sede en Texas y con terminales en Sabine Pass y Corpus Christi, ha devuelto 22.000 millones USD a sus accionistas, en su inmensa mayoría mediante recompras de acciones.

Cuenta con una capitalización bursátil de 52.000 millones USD —que algunos consideraban injustamente deprimida, lo que a su vez justificaba recompras sostenidas— y con un valor de empresa (es decir, capitalización bursátil más deuda neta) de 83.000 millones USD.

La situación de Venture Global es más especulativa. La compañía, con terminales en Luisiana, tiene una capitalización bursátil de 28.000 millones USD y un valor de empresa de 66.000 millones USD.

Venture ha invertido la cifra faraónica de 42.000 millones USD en sus infraestructuras a lo largo de los últimos cinco años, financiada esencialmente con deuda, mientras sus flujos de efectivo siguen en números rojos.

Para la compañía, que caminaba por la cuerda floja, los acontecimientos en Oriente Próximo son una bendición que durará mientras pueda comprar gas a bajo precio en Estados Unidos antes de revenderlo en Europa seis veces más caro.