La apertura hoy de la Asamblea Popular Nacional en Pekín ha supuesto un punto de inflexión, al anunciarse un objetivo de crecimiento a la baja y el comienzo del 15.º plan quinquenal.

Por primera vez en décadas, China ha anunciado oficialmente este jueves que rebaja sus objetivos de crecimiento. La meta se sitúa entre el 4,5 y el 5% en 2026, una ligera revisión a la baja frente al 5% registrado el año pasado. Es el objetivo menos ambicioso desde 1991. La decisión le da más margen de maniobra para combatir el exceso de capacidad industrial, gestionar las convulsiones geopolíticas y reequilibrar la economía.

Pekín prevé crear más de 12 millones de empleos y ha fijado una tasa de paro objetivo del 5,5%. La meta de inflación —medida por el índice de precios de consumo— se mantiene en torno al 2%.

Fijado en el 4% del producto interior bruto (PIB), el déficit presupuestario alcanza un nivel históricamente elevado para China, que normalmente se ceñía al umbral del 3%. Pese a cierta prudencia para no disparar la deuda, el Gobierno acepta acelerar el gasto público para apuntalar la actividad. En paralelo, Pekín planea inyectar 300.000 millones de yuanes (CNY) este año en la banca pública para financiar grandes proyectos nacionales y reforzar la seguridad tecnológica, en un contexto de fuerte rivalidad con Estados Unidos.

Un plan quinquenal centrado en la tecnología

El plan define la estrategia del país para los próximos años y otorga prioridad absoluta a la inteligencia artificial, la robótica y los semiconductores para reducir la dependencia de Washington. El gasto en investigación y desarrollo deberá aumentar al menos un 7% anual, con un objetivo de incremento acumulado del 40% a lo largo de todo el plan.

En economía digital, el propósito es elevar su peso hasta el 12,5% del PIB (desde el 10,5% actual).

Un presupuesto tenso

El presupuesto de defensa chino —el segundo del mundo, a gran distancia del de Estados Unidos— crecerá un 7% en 2026. Supone una leve desaceleración frente al 7,2% del año pasado, pero sigue siendo un aumento notable en un entorno geopolítico tenso. El anuncio llega además en plena campaña contra la corrupción entre altos mandos del ejército.

En comercio internacional, Li Qiang, primer ministro chino, ha reconocido un contexto «grave y complejo», marcado por los riesgos geopolíticos y la fragilidad del libre comercio. China se prepara así para un crecimiento más lento, pero más resiliente, con la autonomía tecnológica como eje.

La demografía, en el trasfondo

Con una población que empieza a envejecer con rapidez y una mano de obra que se reduce, China ya no puede confiar en la abundancia de trabajadores para impulsar su PIB. De aquí a 2035, el número de ciudadanos mayores de 60 años debería alcanzar los 400 millones.

Este giro hacia la «alta tecnología» y la robotización no es solo una elección política, sino una necesidad. Pekín debe elevar la productividad por trabajador para compensar el descenso de la mano de obra. Con el plan se propone generalizar la automatización para sostener la competitividad de un país que envejece más deprisa de lo que se enriquece.

Los mercados chinos han recibido el plan con un optimismo prudente. El índice CSI 300 avanzó un 1%, mientras que, en Hong Kong, el Hang Seng sumaba un 0,3%. Los índices sectoriales vinculados a inteligencia artificial y semiconductores estuvieron entre las mayores subidas del día.