China acapara todas las miradas esta semana, impulsada por una bolsa de Shanghái que vuelve a niveles inéditos en 11 años. Para el inversor occidental, sin embargo, descifrar el mercado chino sigue siendo un ejercicio complejo.
El sistema se basa en una gran distinción entre dos tipos de títulos. Las acciones A, denominadas en yuanes, están reservadas prioritariamente a los inversores locales. Por el contrario, las acciones B cotizan en divisas extranjeras para atraer capital internacional. Durante años, las autoridades chinas dedicaron muchos esfuerzos a promocionar las acciones B, con el objetivo de captar cada vez más fondos extranjeros. Pero desde hace algunos trimestres, Pekín ha vuelto a poner el foco en las acciones A para impulsar la inversión interna y reforzar empresas con una fuerte implantación local.
El mapa financiero chino se organiza en torno a tres plazas fuertes con funciones muy definidas. Hong Kong actúa como centro internacional y puerta de entrada al exterior. Escapa a los controles de capital más estrictos de Pekín, lo que permite a las multinacionales instalarse allí. Shenzhen se consolida como el pulmón tecnológico del país. A menudo comparada con Silicon Valley, la ciudad alberga a campeones de la innovación como el fabricante Build Your Dreams o el gigante de los electrodomésticos Midea. Por último, Shanghái sigue siendo el gran pilar estatal, donde late el corazón de la economía tradicional. Allí se concentran los gigantes de la energía, las finanzas y la industria pesada, estrechamente respaldados por el poder central.
El Shanghai Composite, en máximos desde 2015
La composición del índice Shanghai Composite es muy clara: reúne todas las sociedades cotizadas en la bolsa de Shanghái, más de 2.000 valores. Este martes 12 de mayo superó un umbral simbólico al cerrar en 4.214,489 puntos, un nivel que no se veía desde el verano de 2015.
Evolución del Shanghai Composite desde el 1/1/2010
Esta dinámica se explicó por la fuerte recuperación de las exportaciones chinas en abril, impulsadas por el apetito mundial por las infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial. Según una nota de China International Trust and Investment Corporation Securities, la ventaja competitiva de China en costes de producción se está acentuando, lo que debería sostener este ciclo alcista.
Sin embargo, emerge una paradoja: mientras el país apuesta por su competitividad en precios, el índice de precios de producción superó en abril las previsiones. Según Reuters, alcanzó así su nivel más alto en 45 meses. Es una señal tanto del repunte de las presiones inflacionistas a la salida de las fábricas como de la reactivación de la producción.
¿Una tendencia nacional?
El movimiento va más allá de Shanghái. Desde hace varias semanas, el conjunto de las plazas financieras chinas exhibe una fortaleza llamativa.
Desde el 1 de abril, los mercados se han disparado: el Hang Seng de Hong Kong avanza más de un 6%, mientras que el índice 300 de China Securities, auténtico barómetro nacional comparable al índice Standard & Poor’s 500, sube cerca de un 10%. El Star 50, centrado en la alta tecnología, firma la rentabilidad más espectacular, con un salto del 26% en abril y de más del 10% ya en mayo, hasta recuperar sus máximos de 2021.
Shanghai composite, Csi 300, Hong Kong Hang Seng y CSOP Star 50, evolución desde 1/1/2025
Esta mejora se apoya principalmente en las tecnologías de nueva generación: semiconductores, inteligencia artificial y vehículos eléctricos. Sin embargo, esta subida oculta un desequilibrio de fondo. El crecimiento descansa casi exclusivamente en las exportaciones. En cambio, el consumo interno sigue estancado, lastrado por una inflación que vuelve a repuntar mientras la inestabilidad en Oriente Próximo se prolonga.
Cumbre Xi-Trump
En este contexto, los inversores tienen la vista puesta en la próxima cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump. Tres asuntos críticos centrarán las conversaciones:
Irán: China depende de Teherán para el 80% de su suministro de petróleo.
Taiwán: la cuestión de las entregas de armas estadounidenses sigue siendo un importante foco de fricción.
Inteligencia artificial: una cuestión de soberanía tecnológica para ambas potencias.
Este cara a cara marcará el tono de las relaciones entre China y Estados Unidos en los próximos meses y determinará si la trayectoria actual de los mercados puede sostenerse.


















