Los ingresos aumentan un 5% con respecto al año pasado, mientras que los beneficios se disparan un 23%. Estas ganancias se deben íntegramente a la expansión del margen de interés neto —en contracción en Wells Fargo o JP Morgan— lograda a pesar de la bajada de los tipos en Estados Unidos, gracias a la exposición internacional de Citi.

Sin embargo, esta exposición internacional sigue siendo un arma de doble filo. A diferencia de la dinámica observada en un prestamista como Wells Fargo, obliga a Citi a aumentar sus provisiones en un 16%. En este sentido, aunque los aranceles parecen haber respetado a Estados Unidos por el momento, ya están teniendo repercusiones evidentes en otras latitudes.

Otro logro notable es el estricto control de los gastos operativos, que resisten la inflación estructural del sector desde hace ya varios trimestres, aunque es cierto que Citi ha reducido considerablemente sus gastos en los últimos tiempos. En cuanto a la actividad, la dinámica de crecimiento continúa, con un aumento de los préstamos del 5,5% y de los depósitos del 6,2% en un año.

El elemento más satisfactorio sigue siendo la espectacular recuperación del segmento de banca minorista en Estados Unidos, que triplica sus beneficios en un año. Como era de esperar, el segmento de banca de inversión también goza de buena salud y contribuye con el 43% de los beneficios consolidados del grupo.

En este caso, esta ventaja también supone una posible debilidad. Al igual que Deutsche Bank, JP Morgan y muchas otras grandes instituciones del sector financiero, Citi se vería gravemente afectada por una contracción de la actividad de sus mesas de negociación.

No obstante, tras una década difícil de malos resultados, los avances mencionados anteriormente sitúan la rentabilidad del grupo en la media del sector. Estos avances se inscriben en un contexto de reestructuración especialmente complejo. Véase al respecto Citigroup Inc: El delicado equilibrio de Fraser, publicado a principios de año en estas mismas páginas.

Quizás se necesite algo más para convencer a los escépticos, que recordarán que la facturación y los beneficios de Citi llevan cuatro años estancados. Dicho esto, el optimismo general de los inversores por el sector —que también podría ser motivo de alerta en más de un sentido— no ha perdonado al grupo: el enfermo del sector bancario estadounidense recupera así una valoración de 0,9 veces su capital, la más alta en diez años.