Pago con criptomonedas: manual de uso

El procedimiento no es tan revolucionario como parece. En concreto, los clientes deben primero vender sus bitcoin o ether a través de la cartera OnePay, la aplicación financiera lanzada por Walmart, y luego utilizar el saldo convertido en dólares para pagar. En el momento de pasar por caja, la aplicación genera un código QR que descuenta ese saldo en moneda fiduciaria cuando el cajero lo escanea. Dicho de otro modo, desde el punto de vista de la tienda, la transacción se efectúa como un pago clásico en dólares: la conversión cripto/USD tiene lugar entre bastidores. De hecho, ningún gran distribuidor acepta estos activos virtuales de forma directa hoy: deben transitar por una conversión previa en moneda oficial. Walmart no es una excepción, pero ha logrado que la operación sea casi invisible para el usuario.

OnePay: la supercartera de Walmart

Esta evolución se inscribe en la estrategia tecnofinanciera de Walmart. En 2021, el grupo se alió con el fondo Ribbit Capital para fundar OnePay, una filial destinada a convertirse en una aplicación bancaria universal. Desde entonces, OnePay no ha dejado de enriquecer su oferta: cuentas de ahorro de alto rendimiento, tarjetas de crédito y débito (en asociación con Synchrony), pagos fraccionados (vía Klarna), transferencias entre particulares e incluso planes de telefonía móvil se han ido añadiendo. A imagen de las superaplicaciones asiáticas, la aplicación aspira a concentrar una multitud de servicios cotidianos.

La apuesta empieza a dar sus frutos: a finales de 2025, OnePay figuraba ya en el quinto puesto de las aplicaciones financieras más descargadas en Estados Unidos, por delante de pesos pesados como JPMorgan o Robinhood. Sobre todo, Walmart dispone de una baza maestra para popularizar OnePay: su red de 5.000 tiendas que atraen a 150 millones de clientes por semana, otros tantos usuarios potenciales integrados en el ecosistema Walmart. Al añadir el trading de criptomonedas a este abanico, OnePay se une a las ofertas de PayPal, Cash App o Venmo, que ya proponían la compra de bitcoin, consolidando su imagen de aplicación financiera todo en uno.

Motivaciones: reducir costes, atraer nuevos clientes

Detrás del efecto anuncio, las motivaciones de Walmart son pragmáticas. Primero, reducir los costes de las comisiones bancarias cobradas en cada pago con tarjeta. Visa y Mastercard imponen, en efecto, alrededor de un 1,5 a 3% de comisión por transacción, un «impuesto invisible» no negociable, cuya suma alcanza miles de millones para un distribuidor con márgenes estrechos. Al utilizar las criptomonedas como canal alternativo de pago, Walmart recorta estos costes: las transacciones cripto (convertidas instantáneamente en USD) funcionan de par a par con costes reducidos al simple coste técnico de la red.

Segundo, acelerar los cobros: allí donde un pago tradicional tarda uno o dos días en abonarse en la cuenta del comerciante, un criptopago convertido se cierra casi en tiempo real. La ganancia de fluidez es notable para la tesorería: los fondos pueden reinvertirse sin esperar en existencias o logística.

Finalmente, Walmart pretende retomar el control sobre la relación con el cliente. Con las tarjetas bancarias, los datos de pago seguían siendo coto privado de los bancos y redes interbancarias, privando a Walmart de información valiosa. Al incitar a sus clientes a pasar por OnePay, la enseña recupera el control de la «última milla» de la experiencia de compra: vuelve a poseer los datos de compra y puede explotarlos para su marketing, sus programas de fidelidad o sus servicios financieros propios. Para el distribuidor, el bitcoin no es, por tanto, un fin en sí mismo, sino un engranaje más en su sistema de pago en dólares: un canal optimizado más que un activo especulativo que gestionar.

Acogida del público y primeros límites

La iniciativa ha sido muy comentada, pero sus repercusiones concretas siguen siendo por ahora moderadas. Por el lado de los consumidores, el interés es real sobre todo para los tenedores de criptomonedas y las personas no bancarizadas. Gracias a OnePay, estas últimas pueden convertir fácilmente sus activos digitales en un medio de pago utilizable en un comercio generalista.

En cambio, pagar la compra en bitcoin puede resultar una opción financiera discutible. Si el valor del BTC se dispara después de la compra, el usuario tendrá la sensación de haber «despilfarrado» un activo que ha ganado valor, mientras que pagar con tarjeta o efectivo no implica ningún arrepentimiento futuro.

Además, la fiscalidad estadounidense considera cada venta de criptomoneda como una cesión de capital: vender satoshis para comprar bienes genera plusvalías imponibles que habrá que declarar al fisco. Multiplicar los micropagos en criptos podría, por tanto, complicar la vida de los contribuyentes al hacer más pesado el seguimiento contable y fiscal de sus transacciones. Estos escollos —volatilidad de las cotizaciones y complejidad administrativa— explican por qué Walmart se mantiene discreto en su política de comunicación: por el momento no se ha lanzado ninguna campaña para animar a usar el bitcoin, solo se informa de su integración en la aplicación de pago.

Precedentes, salidas en falso y táctica prudente

El enfoque de Walmart se basa en las experiencias del pasado. No es el primer intento de introducción de criptomonedas en el comercio: desde la década de 2010, algunas tiendas o comercios electrónicos pioneros habían anunciado que aceptarían el bitcoin, pero la mayoría dieron marcha atrás ante las fluctuaciones y su escaso uso.

En efecto, en lugar de trastocar sus cajas, Walmart ha elegido una puesta en marcha indolora —conversión instantánea y back-end similar— que no requiere ninguna inversión pesada en terminales especiales ni formación del personal. El grupo no es ningún novato con las criptos: en 2021, ya fue pionero en instalar quioscos Coinstar en 200 tiendas, permitiendo a los clientes comprar bitcoins con efectivo.

Ese mismo año Walmart ya se había visto involucrado a su pesar en una broma sonada: un comunicado de prensa falso había anunciado erróneamente una asociación del distribuidor con la criptomoneda Litecoin, haciendo dispararse momentáneamente la cotización de esta antes de que se desmintiera la noticia.

Con la lección bien aprendida, la empresa de Bentonville avanza prudentemente en 2026: integrar los activos digitales sin brusquedad en los hábitos ni asustar a los reguladores, tal parece ser la consigna. Dado que ningún bitcoin entra directamente en las cajas y que todo se convierte en dólares, la iniciativa ha podido lanzarse sin obstáculos legales.

¿Hacia una adopción generalizada?

Para el ecosistema cripto, el gesto de Walmart tiene un enorme simbolismo. Marca una etapa más hacia la democratización de las monedas virtuales, antaño confinadas a los círculos tecnófilos.

Otras firmas habían abierto el camino: Starbucks, por ejemplo, permite a sus clientes pagar su café con leche en bitcoins desde 2021 a través de una aplicación de terceros (siendo el saldo, también allí, convertido en dólares antes de llegar a la caja). La entrada en escena de Walmart, primer empleador privado del mundo y barómetro del consumo estadounidense, confiere una nueva legitimidad al bitcoin y a sus pares.

Por supuesto, queda un largo camino por recorrer antes de que el bitcoin o el ether sean aceptados en todas partes. Harán falta reglas fiscales más claras, una moderación de la volatilidad y la simplificación de la experiencia de usuario para el común de los mortales. Pero al elegir abrir (indirectamente) sus cajas a las criptos, Walmart ha dado un paso de gigante hacia un futuro donde las finanzas tradicionales y la criptoeconomía cohabiten estrechamente. Queda por ver si sus competidores seguirán el ejemplo y si este paso de gigante desencadenará, a escala mundial, un verdadero cambio de paradigma en nuestros hábitos de pago.