2025 fue el año de la defensa. En un año, las acciones de los principales valores europeos del sector se dispararon como consecuencia del aumento de las tensiones geopolíticas en todo el mundo: +460% Exail, +207% Saab, +184% Indra, +125% Rheinmetall, +122% Hensoldt, +86% Leonardo, +63% BAE Systems, +61% Thales, +37% Safran

Aunque hubo algunos retrocesos tras períodos de calma geopolítica y esperanzas de alto el fuego (Israel, Irán, Ucrania…), en todos los casos fue la antesala de un rápido regreso de las inversiones. Cada caída se percibió de inmediato como una oportunidad de entrada, lo que refleja una demanda ya estructural por los valores de defensa.

«El programa de rearme se integra ahora en planes plurianuales, en lugar de depender de un acontecimiento puntual», coincide Aneeka Gupta, directora de investigación macroeconómica en WisdomTree.

El contexto geopolítico mundial ha desencadenado un verdadero auge del sector. Los ingresos de los grandes contratistas principales (los grandes industriales) avanzaron un 13% en el último año, superando las previsiones en un 7%, recordaba recientemente Jefferies en su informe Mid Flight.

El verdadero reto: producir más y más rápido

Los analistas que siguen al sector lo tienen claro: el principal cuello de botella ya no es la demanda, sino la capacidad de producción. Munición, defensa aérea, drones, guerra electrónica y mantenimiento afrontan las mismas restricciones industriales.

Así, a finales de enero, un informe de Danske Bank recordaba las dificultades para transformar rápidamente las partidas presupuestarias alemanas en pedidos efectivos. Consciente de este escollo, el Bundestag aprobó el 16 de enero de 2026 una ley para acelerar la planificación y la compra de material de defensa, y así equipar más rápidamente a las fuerzas armadas y, por tanto, hacer realidad antes los presupuestos.

Para los actores del sector, esta reforma podría convertirse en un catalizador importante ya en 2026, pues se espera una mejoría del ritmo de los pedidos públicos.

En consecuencia, los inversores se orientan más hacia las empresas que pueden aumentar rápidamente sus capacidades, asegurar sus cadenas de suministro y cumplir los plazos de los contratos. Morgan Stanley subraya que el tamaño crítico, la diversificación y la visibilidad de las carteras de pedidos se han vuelto determinantes, para disgusto de los actores más modestos. Para el analista, los pedidos serán el indicador clave que vigilar en 2026 para asegurar las trayectorias de crecimiento.

Hacia un rearme duradero

Varios factores podrían respaldar al sector en 2026. Así, el estancamiento de los esfuerzos de paz refuerza la percepción de un rearme duradero, mientras que las tensiones en torno a Groenlandia y el Ártico ponen de relieve mayores necesidades de vigilancia, defensa antimisiles y capacidades navales, reforzando la voluntad europea de soberanía. En este contexto, WisdomTree menciona un escenario creíble de gasto en defensa cercano al 3% del PIB hasta 2030.

Además, la política estadounidense orientada a limitar los dividendos y las recompras de acciones en defensa mientras no aumente la producción podría otorgar una ventaja relativa a los grupos europeos, más flexibles en la remuneración del capital, señala Morgan Stanley. En efecto, los grupos del sector de la defensa se preparan para que el Departamento de Defensa estadounidense publique una lista de empresas que podrían quedar sometidas a restricciones en materia de recompras de acciones y reparto de dividendos. Hace un mes, Donald Trump firmó un decreto que vincula la remuneración a los accionistas con los calendarios de entrega de armas…

Salida a bolsa y reconversión industrial: palancas infravaloradas

Por último, la muy exitosa salida a bolsa de la checa CSG da fe del apetito de los inversores por nuevas exposiciones al sector y subraya el papel creciente de los mercados financieros en la financiación del ciclo industrial. En paralelo, la reconversión del tejido industrial civil europeo (automoción, aeronáutica, electrónica) aparece como una palanca clave para acelerar el aumento de la cadencia, una ventaja estructural a menudo infravalorada.

En 2026, la cuestión ya no es si aumentan los presupuestos, sino quién sabrá transformar las intenciones políticas en capacidades industriales y en liquidez.