¿Qué determina el valor de una acción?
Antes de explicar qué es un dividendo, es esencial comprender bien qué es una acción.
Un título de propiedad
Al igual que la escritura de propiedad de su residencia otorgada ante notario, la acción es un título que acredita su condición de propietario. Cuando usted es accionista de una empresa, es propietario o, mejor dicho, copropietario de dicha empresa.
Por lo tanto, la acción es por naturaleza muy diferente de un título de deuda (que indica que la empresa debe una cierta cantidad a quien ha prestado o ha recomprado la deuda).
Así, cuando se intercambian acciones en un mercado financiero, se transfiere una parte de la propiedad de la empresa en cuestión, de la misma forma que se podría transferir la propiedad de un bien inmueble vendiendo o comprando participaciones de una sociedad civil inmobiliaria.
Debido a su estatus, el accionista tiene, por supuesto, derechos y obligaciones frente a la empresa. No obstante, la compra de una acción también tiene una implicación económica decisiva. A través de su acción, el accionista se convierte de manera indirecta en propietario de lo que posee la empresa, al menos en términos de valor económico. Es importante tener bien presente este principio para entender qué es un dividendo.
La noción de valor de empresa
Como es lógico, el valor de una acción es el reflejo de lo que vale la empresa (o, más exactamente, el reflejo de la parte proporcional que representa dicha acción).
Existen diversas maneras de valorar una empresa (por sus resultados, por sus perspectivas, por sus activos…), pero dicho valor siempre puede desglosarse en dos partes.
El primer componente es el valor de empresa (a menudo abreviado como VE o EV por sus siglas en inglés). Esta noción puede asimilarse al valor del fondo de comercio o al valor de la actividad comercial de la empresa, independientemente de su situación financiera.
Imaginemos que, gracias a su actividad, una empresa prevé generar 20.000 EUR de resultado de explotación y que, según las normas del sector, las empresas se valoran en 9 veces ese resultado. La empresa en cuestión tendrá un valor de empresa de 180.000 EUR.
El efecto de la situación neta
Una vez determinado el valor de empresa, es decir, la valoración de la actividad comercial, el siguiente paso consiste en observar la posición de tesorería de la empresa. La sociedad puede, de hecho, disponer de una tesorería positiva en sus cuentas, de una tesorería nula o de una tesorería negativa (deuda).
El objetivo de este ajuste es fácil de entender. Retomemos nuestro ejemplo de un valor de empresa de 180.000 EUR aplicado esta vez a dos empresas, A y B.
La empresa A tiene una tesorería nula, lo que significa que al comprar la empresa A, un accionista obtendrá 20.000 EUR de resultado al año.
Con la empresa B, obtendrá lo mismo. Pero si la empresa B tiene además 50.000 EUR de tesorería en su cuenta, un adquirente podrá, además de los resultados, tomar posesión de 50.000 EUR de efectivo. Por lo tanto, parece lógico pagar más por la empresa B. Si consideramos que el valor del «fondo de comercio» es de 180.000 EUR, será lógico estar dispuesto a pagar por la empresa B hasta 230.000 EUR.
A la inversa, ante una situación igual, un adquirente pagará menos por una empresa endeudada, ya que los resultados obtenidos a lo largo del tiempo se verán reducidos por la deuda que debe devolver.
Valor del capital y valor de la acción
Así, el valor del capital (equity en inglés) equivale al valor de empresa aumentado por la tesorería o reducido por la deuda.
Determinar el precio de una acción es entonces un juego de niños. Basta con dividir este valor del capital (capitalización) por el número de acciones.
A estas alturas, es fácil comprender que cualquier variación en la tesorería de una empresa hace evolucionar el valor de su capital y, por tanto, el de sus acciones.
Esto es exactamente lo que ocurre cuando se paga un dividendo, como veremos en la segunda entrega de la serie.


























