Los datos macroeconómicos publicados la semana pasada pusieron en evidencia que no estamos a las puertas de una recesión, pero ya no estamos en una fase de expansión eufórica. El ciclo se desacelera, la desinflación se toma un descanso y la rotación mundial de los flujos de capital se convierte en el principal motor de los mercados.
Desde hace varios meses, el mercado seguía un guion sencillo: crecimiento sólido, inflación a la baja y dos recortes de tipos a partir de junio. El índice de precios del gasto en consumo personal viene a complicar la ecuación. Cuando la mayoría de los indicadores de inflación apuntaban a un regreso gradual hacia el 2%, el indicador preferido de la Reserva Federal sorprendió con un dato al alza. No una explosión ni un retorno de la inflación, pero sí lo bastante como para romper la linealidad del escenario. Eso lo cambia todo. La Reserva Federal ya no tiene urgencia por actuar. Los tipos reales en Estados Unidos siguen altos. El mercado empieza a asumir que el primer recorte podría llegar más tarde o incluso que al final sea el único del año.
Mientras los inversores analizan a la Reserva Federal, la transformación estructural está en otra parte. Los flujos salen progresivamente de las megacapitalizaciones estadounidenses para reorientarse hacia:
Las pequeñas y medianas capitalizaciones.
Los valores de estilo valor.
Los mercados internacionales.
Los mercados emergentes.
Así, asistimos a un nuevo reparto de las cartas, no a la formación de un techo de mercado. En cuanto a la decisión judicial sobre los aranceles, no ha disipado la incertidumbre comercial. Las tensiones entre Irán y Estados Unidos mantienen una prima de riesgo energética. El déficit comercial sigue siendo enorme pese a las barreras arancelarias. El ruido político impide una reducción sostenida de la volatilidad. El dólar no sube por razones estructurales, sino que lo hace en parte por reflejo y porque la Reserva Federal no recorta tipos. Es un matiz clave.
Desde el punto de vista técnico, el nivel de 96,48 en el índice del dólar sigue aguantando, pero el de 98,00 cuesta superarlo con claridad. El escenario de un rebote del billete verde sigue siendo, por tanto, frágil. En paralelo, se vigilará la resistencia de 1,1920/60 en el cruce euro/dólar para mantener el escenario de una consolidación en dirección a 1,1573 en una primera fase. La ruptura de 1,1730, junto con la superación de 98,00 en el índice del dólar, debería reforzar la convicción bajista.

























