Los informes se suceden, aunque no siempre se parecen. Aun así, dibujan el retrato de una economía estadounidense todavía sólida, en desaceleración de mitad de ciclo, pero sin recesión a la vista, que se sustenta en el consumo, la productividad y una Reserva Federal expansiva. Estos elementos mantienen una trayectoria positiva a medio plazo a pesar de la consolidación actual.

Como inversor, uno de los principales riesgos es la recesión. En una situación así, es difícil no perder dinero, pero, de momento, se impone la tranquilidad: un crecimiento del PIB estimado en torno al 2,5 a 3,5% para el cuarto trimestre es incompatible con un escenario recesivo.

En paralelo, la demanda final y el consumo siguen robustos. Las ventas minoristas avanzan a un ritmo anualizado superior al 3%, alimentando directamente el PIB. El consumo está sostenido por salarios reales ligeramente positivos, el gasto de la generación del baby boom jubilados y un mercado laboral que se frena pero no se deteriora.

Conviene volver sobre este asunto porque el último informe de empleo acabó provocando recogida de beneficios en la renta variable y tensión en los tipos a largo plazo. Sin embargo, es más adecuado hablar de un reequilibrio del mercado y no de un deterioro real. El aumento del desempleo procede sobre todo del repunte de la población activa y de recortes voluntarios en el empleo público, mientras que, al mismo tiempo, el sector privado sigue creando puestos de trabajo.

Además, el crecimiento del PIB supera ampliamente al del empleo. Dicho de otro modo, Estados Unidos registra ganancias de productividad significativas al tiempo que las inversiones masivas en IA amortiguan la desaceleración cíclica.

Por último, las presiones inflacionarias se moderan, como muestra el IPC: se esperaba un aumento del 3,1% interanual y resultó ser del 2,7%. La diferencia entre la previsión y el dato real es idéntica en el dato subyacente, la versión depurada de los elementos más inestables. Así pues, la Fed puede bajar sus tipos sin que el crecimiento se desplome, al tiempo que aplica medidas de liquidez quirúrgicas para evitar tensiones financieras una vez ha concluido el cierre de la Administración.

La reacción del mercado de deuda a las cifras de inflación deja pocas dudas: el rendimiento del bono a 10 años se relajó de inmediato, aunque habrá que esperar la ruptura de 4,08% para ganar confianza en el fin del rebote vigente desde octubre pasado. Los índices bursátiles intentaron levantar cabeza, mientras que el dólar no sufrió en exceso, aunque la tendencia del par EUR/USD sigue siendo positiva desde que superó la barrera de 1,1695.

El USD/JPY aguantó bien sobre su soporte en 155/154,28 y acaba de volver a probar sus máximos de noviembre en 157,90 antes de los 158,88 registrados en enero de 2025. Sin cambios notables en el USD/CHF, que permanece dentro de un canal de consolidación horizontal entre 0,8130 y 0,7830. El AUD sigue bien orientado por encima de 0,6550, con un primer objetivo en 0,6710 antes de 0,6870/0,6940. Por último, parece que el NZD quiere franquear los 0,5790/5800 para abrirse paso hasta 0,5900 e incluso 0,6010.