El dato más importante de la semana probablemente llegó desde los mercados del petróleo. Varios petroleros acabaron recibiendo autorización para cruzar el estrecho, lo que ha reforzado la idea de que empieza a perfilarse un acuerdo oficioso entre Irán, China y varias potencias regionales. El resultado fue inmediato: el crudo corrigió con brusquedad, con caídas superiores al 5% en algunas sesiones, lo que permitió el rebote de la deuda estadounidense y devolvió impulso a las bolsas mundiales.
Esta distensión en la energía modificó de inmediato las expectativas monetarias. Los mercados empiezan a asumir que el shock petrolero podría ser temporal y que, por tanto, no obligaría a los bancos centrales a endurecer aún más su discurso. Jerome Powell confirmó, además, que la Reserva Federal considera que su política ya es lo bastante restrictiva como para esperar a contar con mayor visibilidad. Los tipos a largo plazo en Estados Unidos se estabilizaron, mientras el dólar cedía parte del impulso defensivo acumulado en su fase más reciente de tensión.
Con todo, el cuadro macroeconómico sigue siendo desigual. La economía estadounidense continúa mostrando una capacidad de resistencia notable: el índice Redbook de ventas minoristas sigue avanzando más de un 8% interanual, las solicitudes de subsidio por desempleo se mantienen en niveles reducidos, la creación de empleo en el sector privado superó las expectativas y varios indicadores inmobiliarios sorprendieron positivamente. Al mismo tiempo, los índices de gestores de compras reflejan una desaceleración visible fuera de Estados Unidos, especialmente en Europa y Australia, donde algunos sectores han vuelto a entrar en zona de contracción.
La inflación también sigue siendo motivo de preocupación. Según la Universidad de Míchigan, las expectativas de inflación de los hogares estadounidenses vuelven a repuntar, con previsiones a cinco años próximas al 4%. Aunque el mercado confía ahora en que el shock energético sea transitorio, la Reserva Federal sigue sin tener una verdadera luz verde para girar con rapidez hacia recortes de tipos.
La lectura dominante sigue siendo, por tanto, la misma: mientras el petróleo siga retrocediendo y el estrecho de Ormuz avance hacia una normalización gradual, los mercados podrán prolongar el rebote. Pero cualquier nuevo deterioro geopolítico correría el riesgo de reactivar de inmediato las tensiones inflacionistas y volver a presionar a la renta fija, las divisas y la renta variable.
Desde el punto de vista técnico, el par euro/dólar puso a prueba con dureza el soporte de 1,1645/00, aunque sin llegar a cerrar por debajo. Al mismo tiempo, el índice del dólar tanteó también la cota de 99,45, pero tampoco logró superarla. Así, aunque la estructura sigue siendo frágil, por ahora se mantiene el sesgo bajista para el dólar, si bien sería necesario un cierre por encima de 1,1680 para dar más solidez a ese escenario.
En el resto de cruces, el dólar/yen vuelve poco a poco hacia los máximos del año, en torno a 160,70, mientras que el dólar/franco suizo volvió a frenarse en la zona de 0,7905/36, lo que mantiene el sesgo negativo, idealmente con una ruptura posterior de 0,7776 para abrir la puerta a 0,7660. En cuanto a las divisas ligadas a las materias primas, el dólar australiano puso a prueba el nivel de 0,7100 sin llegar a perforarlo, preservando así la estructura alcista, mientras que el dólar neozelandés también logró sostenerse sobre su soporte equivalente de 0,5815.























