Pocos cambios desde la semana pasada. Los indicadores macroeconómicos siguen mostrando crecimiento, aumento de la productividad, un estímulo fiscal «en marcha» y la reaceleración del crédito bancario. En esta fase del ciclo no se va a entrar en un bucle recesivo mientras se mantenga el consumo.

El mercado laboral está en pausa: no es lo suficientemente fuerte para los nuevos entrantes, pero tampoco lo suficientemente débil como para frenar el consumo, sobre todo con el efecto riqueza (acciones/inmobiliario) y el gasto de la generación del baby boom.

En cuanto a los precios, tras el impacto de los aranceles, la desinflación es un hecho, pues la subida del IPC se sitúa en torno al 2,6-2,7% y unos ingresos reales ligeramente positivos.

La política monetaria sigue siendo acomodaticia, ante más recortes de tipos previstos, un retorno de los programas de expansión cuantitativa de aproximadamente 50.000 millones USD, a lo que se suma otro similar en materia de hipotecas mediante el FNMA/Freddie (se habla de un paquete de 200.000 millones USD). Se trata de una combinación de «liquidez» típicamente negativa para el dólar a medio plazo. Al mismo tiempo, la presión política ejercida sobre el gobernador de la Fed tiende a favorecer una fuga del dólar hacia los metales preciosos (oro, plata).

A pesar de estos factores negativos a medio plazo, el dólar podría sacar partido de la mayor volatilidad en la víspera de las elecciones de mitad de mandato para repuntar a principios de año, ayudado también por las buenas estadísticas macroeconómicas, que no abogan por una bajada inmediata de los tipos por parte de la Reserva Federal estadounidense. De hecho, los observadores no esperan una primera bajada de los tipos antes de finales del segundo trimestre.

Técnicamente, el par EUR/USD continúa su descenso hacia 1,1550 y un máximo de 1,1470. Solo la ruptura de este umbral confirmará un cambio de tendencia a largo plazo. Mientras tanto, se puede considerar que la moneda europea evoluciona dentro de un amplio rango de negociación comprendido entre 1,1470 y 1,1920.

El USD/JPY ha continuado su ascenso y ha alcanzado el objetivo de 158,88/159,25. Aunque los indicadores muestran señales de sobrecompra y los rumores de una intervención conjunta de los bancos centrales estadounidense y japonés para hacer bajar el yen aparecen con cierta asiduidad en la prensa, es difícil no podemos ser pesimistas ante la situación actual. El primer soporte se sitúa en 158,85, mientras que la siguiente resistencia está en 161,95.

Con respecto a las divisas vinculadas a las materias primas, el par USD/CAD se consolida plano por debajo de 1,3940, con un primer soporte en 1,3850. La ruptura de este nivel debería confirmar el fin del repunte en curso desde finales de 2025. El dólar australiano y el neozelandés siguen bien orientados por encima de 0,6600 y 0,5730, respectivamente.