En un primer momento, el impacto del petróleo sostuvo al billete verde. El encarecimiento de los precios de la energía alimentó las expectativas de inflación, obligando a la Reserva Federal a mantener una postura restrictiva. Las previsiones de recortes de tipos se pospusieron, lo que apoyó mecánicamente al dólar a través del diferencial de tipos.
Sin embargo, este respaldo se erosiona. El mercado de bonos comienza a estabilizarse, e incluso a anticipar una desaceleración económica si el choque energético se prolongara. Históricamente, esta fase suele corresponder a un punto de inflexión: tras haber descontado la inflación, los mercados empiezan a integrar el coste económico del golpe.
Al mismo tiempo, los datos macroeconómicos se mantienen sólidos. El consumo resiste, el empleo aguanta y los indicadores de actividad permanecen en zona de expansión. Esta resiliencia limita la demanda del dólar como activo refugio e impide una apreciación más marcada.
Otro elemento clave es la credibilidad de la narrativa geopolítica. Los mercados se vuelven cada vez menos sensibles a los anuncios políticos y exigen ahora pruebas concretas de desescalada. Esta evolución reduce los movimientos erráticos del dólar y refuerza su anclaje en los fundamentales.
La variable determinante, por tanto, no varía: la trayectoria del crudo. Una permanencia duradera por encima de los 100 dólares prolongaría el sesgo alcista del dólar vía tipos. Por el contrario, una normalización rápida del mercado energético reactivaría las expectativas de bajadas de tipos y pesaría sobre el billete verde.
Desde el punto de vista técnico, el par EUR/USD ha rebotado hasta chocar con su primer objetivo en 1,1815. No obstante, el sesgo sigue siendo positivo mientras los 1,1645 resistan, manteniendo un objetivo alcista en 1,1910. En paralelo, se vigilarán los 99,15 en el índice dólar para mantener el sesgo negativo hacia los 96,85/70.
En el resto de los cruces, el USD/JPY se mantiene estable entre 160.45 y 157.50. El dólar australiano volvió a poner a prueba sus máximos anuales en torno a 0,72 sin superarlos, con el riesgo de un retroceso intermedio hacia 0,7035 o incluso 0,6915. El dólar neozelandés, por su parte, sigue siendo la divisa más débil tras toparse con 0,5930, lo que podría anticipar una nueva racha bajista hacia los 0,5679.



















