El principal apoyo del dólar sigue siendo la solidez de la economía estadounidense. Las últimas estadísticas siguen reflejando una actividad firme pese al shock petrolero. La creación de empleo no agrícola sorprendió al alza, con 178.000 nuevos puestos, mientras que las ventas minoristas todavía avanzan un 3,7% interanual. El ISM manufacturero se mantuvo en zona de expansión, en 52,7, señal de que la economía se desacelera, pero no entra en contracción.
Esta resiliencia explica por qué la Reserva Federal mantiene una posición prudente. Jerome Powell repitió que los tipos de interés ya son lo bastante restrictivos como para permitir al banco central «esperar y observar» las consecuencias del conflicto con Irán. Las expectativas de nuevas subidas de tipos prácticamente han desaparecido, pero el mercado sigue asignando una probabilidad limitada a una rebaja rápida de los tipos oficiales. Dicho de otro modo, la Reserva Federal mantiene una orientación restrictiva, pero sin intención de acelerar más la política de endurecimiento monetario.
El mercado de renta fija empieza, sin embargo, a lanzar una señal más ambigua. Los rendimientos de la deuda estadounidense a largo plazo han dejado de subir pese a que el petróleo se mantiene en torno a 100 USD, lo que refleja un aumento gradual de los temores sobre el crecimiento. Históricamente, este tipo de escenario suele marcar el inicio de una transición: después de descontar la inflación, los mercados empiezan a incorporar el coste económico del shock energético.
La evolución del petróleo sigue siendo, con todo, determinante. Los inversores todavía no creen del todo en una normalización rápida de la situación en Oriente Próximo. Los mercados son cada vez menos sensibles a las declaraciones políticas y esperan ya avances concretos sobre la reapertura del estrecho de Ormuz. Mientras el crudo siga instalado de forma sostenida en niveles elevados, el dólar mantendrá un apoyo mecánico a través de los tipos de interés y de las expectativas sobre la política monetaria.
Pero, si las tensiones energéticas se normalizan con rapidez, el mercado podría volver pronto a un escenario de desaceleración moderada y de futura relajación monetaria, lo que ejercería una mayor presión sobre el dólar.
Desde el punto de vista técnico, el cruce euro/dólar se mantiene por encima de su soporte clave en 1,1645, pero le cuesta superar la primera resistencia en 1,1830 para dirigirse hacia el objetivo de 1,1910/20. En paralelo, el índice del dólar también se mantiene por encima de su soporte en 97,65. En el resto del mercado, el dólar/yen digiere la señal de giro dibujada a finales de abril mediante una consolidación lateral. La resistencia que conviene vigilar no cambia y se sitúa en 158,10 para mantener un sesgo bajista, aunque solo un cierre por debajo de 155,48 permitirá reactivar las caídas. Por su parte, el par dólar/franco suizo intenta romper 0,7775 para abrir la puerta a 0,7660. No hay cambios en el cruce entre el dólar australiano y el estadounidense, que sigue por debajo de 0,7200/15 y no muestra por ahora señales claras de consolidación. El primer soporte se sitúa en 0,7100. El dólar neozelandés superó y alcanzó directamente la cota de 0,6000, un movimiento que conviene poner en relación con la zona de 0,7200/15 del dólar australiano.
























