Los intentos diplomáticos se multiplican. Un plan de 15 puntos transmitido a través de Pakistán ha permitido abrir un canal de diálogo, aunque por ahora no ha desembocado en un acuerdo formal. Las señales siguen siendo contradictorias: por un lado, empiezan a aflorar concesiones, especialmente en materia nuclear; por otro, las exigencias iraníes sobre el control del estrecho y las compensaciones frenan cualquier avance rápido. Al mismo tiempo, el despliegue militar de Estados Unidos continúa, lo que refuerza la presión dentro de una lógica de negociación bajo coacción.
En los mercados, esta incertidumbre se traduce en una volatilidad persistente, aunque cada vez menos sensible a las declaraciones políticas. Los inversores exigen ya pruebas tangibles de desescalada. Los episodios recientes muestran con claridad que los tuits o los anuncios ya no bastan para invertir de forma duradera las tendencias.
El petróleo sigue siendo el verdadero barómetro. Un repliegue temporal por debajo de los 100 USD ha dado algo de aire a los activos de riesgo, pero el equilibrio sigue siendo frágil. Cualquier repunte duradero por encima de ese umbral reactivaría de inmediato los temores inflacionistas y de recesión. Por el contrario, una estabilización sostenida por debajo de ese nivel abriría la puerta a un rebote más sólido de los mercados.
La economía, por ahora, aguanta. Los indicadores adelantados apuntan a una desaceleración, pero no a una contracción. El consumo en Estados Unidos sigue mostrándose sólido, los índices de gestores de compras se mantienen en zona de expansión y los beneficios empresariales continúan creciendo. Incluso en Europa, pese a estar más expuesta al shock energético, el deterioro sigue siendo contenido por el momento, aunque con una sensibilidad mayor a los precios de la energía.
Pero empiezan a aparecer grietas. El encarecimiento de los fertilizantes ligado a las perturbaciones logísticas pone de relieve que el golpe se extiende más allá del petróleo, con un riesgo potencial para las cadenas alimentarias mundiales. Al mismo tiempo, los bancos centrales empiezan a incorporar este nuevo régimen, y algunos ya contemplan un sesgo más restrictivo ante el regreso de las presiones inflacionistas.
Desde el punto de vista técnico, el índice del dólar ha aguantado bien sobre su soporte de 99,00, en paralelo a 1,1665 en el par EUR/USD, para una última fase de subida idealmente hacia 101,10/101,57 —1,1315/1,1290 en el par EUR/USD—, nivel en el que debería agotarse la recuperación iniciada a finales de enero. De no ser así, habrá que asumir que el conflicto va para largo, que los precios del petróleo seguirán elevados y que los tipos de interés se mantendrán también altos, lo que afectará aún más a los mercados bursátiles.


























