La semana ha estado marcada principalmente por las expectativas de desescalada en Oriente Próximo. Las negociaciones entre Washington y Teherán parecen avanzar hacia un acuerdo provisional que permitiría la reapertura progresiva del estrecho de Ormuz. Esta perspectiva ha favorecido una relajación de los precios del petróleo, un repunte de la deuda pública y nuevos máximos históricos en los índices S&P 500 y Nasdaq. Los mercados consideran ahora probable un acuerdo, aunque persisten varios puntos sin resolver y las autoridades iraníes aún no han dado su aprobación definitiva.
En el frente macroeconómico, los datos siguen reflejando una economía estadounidense a dos velocidades. Por un lado, los indicadores de confianza continúan deprimidos; por otro, el consumo se mantiene sólido. Las ventas minoristas semanales avanzan cerca de un 9% interanual, el consumo en términos reales sigue en terreno positivo, la creación de empleo en el sector privado resiste y la Reserva Federal de Atlanta estima el crecimiento del segundo trimestre en torno al 3,8%. La explicación reside, en gran medida, en el papel estabilizador de la generación del «baby boom». Con un patrimonio neto cercano a 90 billones USD, este grupo mantiene un elevado nivel de gasto y, además, ayuda financieramente a hijos y nietos afectados por las dificultades de acceso a la vivienda. Esta redistribución privada contribuye a sostener la demanda interna pese a una confianza de los hogares en niveles históricamente bajos.
La principal fuente de preocupación sigue siendo, no obstante, la inflación. El índice de gasto en consumo personal, la referencia preferida por la Reserva Federal, alcanza ya el 3,8% interanual, mientras que su componente subyacente se sitúa en el 3,3%, el nivel más alto desde finales de 2023. Más preocupante aún es que las presiones inflacionistas ya no se limitan a la energía: los servicios también muestran una aceleración y varias encuestas regionales apuntan a un fuerte incremento de los precios pagados por las empresas. Por ahora, el mercado sigue considerando este repunte como transitorio y vinculado directamente al encarecimiento del petróleo. Sin embargo, cuanto más se prolongue el conflicto, mayor será el riesgo de que la inflación se enquiste. Los mercados monetarios asignan ya una probabilidad superior al 60% a una subida de tipos por parte de la Reserva Federal antes de final de año, frente al 50% de la semana anterior.
El mensaje de fondo es, por tanto, relativamente claro: el crecimiento se mantiene, los beneficios avanzan y el empleo resiste. El principal riesgo no es por ahora una recesión, sino una inflación persistente que obligue a la Reserva Federal a mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo del previsto. Mientras el petróleo continúe moderándose y el estrecho de Ormuz se acerque a una reapertura efectiva, los activos de mayor riesgo deberían seguir beneficiándose de este contexto, mientras el dólar tendería a debilitarse.
Desde el punto de vista técnico, el par euro-dólar se estabiliza por encima de la zona de 1,1645-1,1600, aunque le cuesta consolidar el rebote esperado, mientras que el índice del dólar se mantiene por debajo de 99,45. Será necesario superar el nivel de 1,1680 para reforzar este escenario.
En el resto de mercados, el dólar frente al franco suizo se mueve en un estrecho rango de consolidación entre 0,7905-0,7936 y 0,7776, con expectativas de ruptura a la baja hacia 0,7660. Las divisas ligadas a materias primas mantienen en general un tono positivo, como el dólar australiano por encima de 0,7100 o el dólar neozelandés, que se sostiene en torno a 0,5815. Los inversores orientados a estrategias de carry trade podrían optar por posiciones vendedoras en el cruce euro-libra si pierde el nivel de 0,8615.

















