Todas las interpretaciones coinciden en la persistencia de la incertidumbre. Por un lado, el presidente de Estados Unidos juega al yoyó con los aranceles: tan pronto los sube al 15% como luego los baja rápidamente al 10%. A veces es difícil encontrar coherencia en la política arancelaria actual, sobre todo porque la sección 122 limita los aranceles a 150 días sin votación del Congreso. Al final se mantiene el ruido comercial, el déficit comercial sigue siendo enorme y la justificación económica de los aranceles se desmorona.

Por otro lado, las últimas publicaciones de los indicadores de inflación en Estados Unidos han mostrado un índice de precios del gasto en consumo personal (PCE, por sus siglas en inglés) más firme de lo previsto, combinado con un índice de precios al productor (PPI) también más alto, lo que reduce la probabilidad de un rápido recorte de los tipos por parte de la Reserva Federal. Algunos miembros del Comité Federal de Mercado Abierto incluso hablan de subidas… En esencia, el mensaje está muy claro:

  • El ciclo de desinflación no ha terminado.

  • La Reserva Federal no tiene prisa.

  • Los tipos reales siguen siendo altos en Estados Unidos.

Al mismo tiempo, los inversores han acogido con bastante frialdad los resultados de Nvidia. De hecho, son ciertamente sólidos, pero insuficientes para justificar las valoraciones actuales. Sin embargo, no podemos hablar de un desplome tecnológico, sino de una redistribución del capital con un cambio de liderazgo.

Para rematar la faena, Estados Unidos e Israel han atacado a Irán por sorpresa; una situación que podría abocarnos a dos escenarios. El primero es un conflicto contenido, un escenario que preferimos por el momento. La reacción emocional de hoy no cambia la narrativa económica y, una vez superada la caída del petróleo, las cosas deberían normalizarse con bastante rapidez. En este sentido, vigilaremos los 81 USD en el caso del Brent. Mientras no se supere este nivel, los riesgos de extensión parecen bajos. La evolución del oro, que cotiza cerca del punto de equilibrio, también parece estar en sintonía con este escenario. En caso de endurecimiento, debería apreciarse rápidamente, lo que no ocurre por el momento.

El segundo es una escalada con el cierre del estrecho de Ormuz y el petróleo disparado por encima de los 81 USD, lo que alimentaría un claro repunte de la inflación que obligaría a la Reserva Federal a adoptar una actitud de espera o incluso a adoptar una postura agresivamente contractiva en un contexto de subida de los tipos a largo plazo. En este caso, el dólar se fortalecería en general frente a la mayoría de las divisas del Grupo de los Diez.

Técnicamente, el euro está rompiendo el nivel de 1,1730 para continuar su caída hacia 1,1573. La primera resistencia se sitúa en 1,1835. El par dólar/yen (USD/JPY) se encuentra cerca de una resistencia intermedia en 157,90 antes de llegar a 159,45, el máximo del año. Al mismo tiempo, el par dólar/franco suizo (USD/CHF) debería mantenerse por debajo de 0,7830/0,7875 para mantener su tendencia bajista.