El dólar entra en una fase de mayor indecisión, en un mercado que se mueve entre la normalización gradual del choque energético y unas incertidumbres geopolíticas que siguen muy presentes. Después de haberse visto respaldado por el repunte del petróleo y por el aplazamiento de las expectativas de recortes de tipos, la divisa estadounidense ve ahora cómo esos apoyos se compensan entre sí, sin un catalizador claro que marque la dirección a corto plazo.

El primer cambio relevante llega del petróleo. La fase de tensión extrema parece haber quedado atrás, con unos precios que se estabilizan, aunque sin corregir con claridad. Ese escenario dibuja un punto intermedio: suficiente inflación como para impedir que la Reserva Federal de Estados Unidos cambie rápidamente de rumbo, pero no tanta como para justificar un endurecimiento adicional. Como resultado, el respaldo monetario al dólar pierde fuerza.

El mercado de deuda lo confirma. Los rendimientos de los bonos a largo plazo han dejado de subir y ahora se mueven lateralmente, una señal de que el mercado ya no descuenta un choque inflacionista duradero, sino más bien una desaceleración moderada. Esa estabilización reduce la ventaja relativa del dólar, sobre todo frente a las divisas cíclicas.

Al mismo tiempo, los fundamentos de la economía estadounidense siguen siendo sólidos. El consumo resiste, el empleo aguanta y la actividad continúa en expansión, lo que limita las expectativas de recortes agresivos de tipos. Ese respaldo macroeconómico impide una depreciación acusada del dólar, pero no basta para reactivar una tendencia alcista.

Por otro lado, el mercado es cada vez menos sensible al ruido político. Los sucesivos anuncios en torno al conflicto van perdiendo efecto, y solo una mejora tangible —en particular, la reapertura total del estrecho de Ormuz— podría modificar de forma duradera las expectativas.

Desde el punto de vista técnico, el par euro/dólar se mantiene por encima de su soporte clave en 1,1645, aunque por ahora le cuesta articular el avance previsto hacia la zona de 1,1910-1,1920. Para reforzar el sesgo negativo a corto plazo, el índice del dólar tendría que perforar el suelo de 97,65.

Al mismo tiempo, el cruce USD/yen se frenó en 160,45 tras un giro bajista que mantiene la presión vendedora mientras no supere 158,10. El potencial de caída apunta a la zona de 152,60-152,75. A su vez, el cruce USD/franco suizo mantiene un sesgo bajista mientras cotice por debajo de la franja de 0,7908-0,7945. Tampoco hay cambios de calado en el cruce entre el dólar australiano y el estadounidense, que sigue atascado por debajo de 0,7200-0,7215, con un primer soporte a corto plazo en 0,7100. Lo mismo ocurre con el dólar neozelandés, que continúa por debajo de 0,5930.