La combinación de una desaceleración en el crecimiento del número de usuarios —algo previsible tras un período de expansión excepcional— y la irrupción arrolladora de la inteligencia artificial ha cambiado bruscamente el panorama para el especialista en aprendizaje ludificado.

Salvo que, como tantas veces, estemos simplemente ante un retorno a la cordura por parte de los inversores, después de una fase de euforia especulativa que llevó la valoración de la compañía a múltiplos difíciles de sostener. Cuando se sueltan las riendas y se consuman los excesos, el giro —en un sentido o en el otro— suele llegar de forma inevitable, como describíamos recientemente en este artículo y este otro.

A diferencia de muchos otros editores de software, Duolingo presenta una rentabilidad cómoda, con un flujo de efectivo libre antes de impuestos de 196 millones USD en 2025. El año anterior, esa cifra fue de 111 millones USD.

Ajustado por el abultado exceso de tesorería y los ingresos diferidos —registrados en el pasivo según la normativa contable—, Duolingo cotiza ahora en el entorno de 15 veces su flujo de efectivo antes de impuestos.

En su última conferencia con analistas, el fundador y consejero delegado, Luis von Ahn Arellano, aseguró que no observa una erosión de su base de usuarios provocada por la creciente popularidad de la inteligencia artificial. Dan ganas de creerle, aunque los más escépticos replicarán —no sin razón— que, desde que la valoración de la empresa se desplomó, los miembros del equipo directivo han mostrado muy poco interés por comprar acciones en el mercado.