El «Weekly Economic Index» de la Reserva Federal de Dallas ha pasado de un crecimiento mensual de aproximadamente 2,20% a ritmo anualizado en el segundo semestre de 2025 a más de 2,80% en la actualidad. Este indicador se basa en varios subindicadores de alta frecuencia, procedentes de fuentes oficiales y no oficiales, lo que permite obtener una imagen mucho más rápida del estado de salud de la economía que el producto interior bruto (PIB), y potencialmente más fiable, ya que la mayoría de los indicadores subyacentes se fundamentan en datos reales, como las ventas al por menor, el tráfico ferroviario o los impuestos federales sobre las nóminas. Estos datos, por tanto, no se revisan, a diferencia del PIB.

Esos 2,8% de crecimiento corresponden al ritmo más elevado desde octubre de 2022, es decir, desde hace casi cuatro años. A ello hay que sumar la estabilización de la tasa de desempleo, la mejora en la generación de empleo y la desaceleración de la persistente inflación subyacente en los últimos meses. Tomados en conjunto, estas señales sugieren que la economía estadounidense ha entrado en una nueva fase de aceleración.
Los datos del PIB del primer trimestre mostraban que esta reacceleración se explicaba en gran medida por las inversiones colosales en centros de datos. Aunque los gastos en «ordenadores y equipos periféricos» y «software» representan menos del 4% del PIB, frente al 68% que corresponde al consumo, han contribuido tanto al crecimiento como este último en el primer trimestre. Es muy probable que estas inversiones en centros de datos sigan siendo un motor de crecimiento de la economía estadounidense en el segundo trimestre.
La reacceleración económica estadounidense quizá no haya terminado, pues en caso de alcanzarse un acuerdo de paz entre Washington y Teherán y de reabrirse completamente el estrecho de Ormuz, la caída de los precios del petróleo debería impulsar el consumo, mientras que el retroceso de los rendimientos bonistas debería reactivar el mercado de la vivienda. La Fed podría, por tanto, verse obligada a subir sus tipos de interés, incluso en caso de reapertura del estrecho de Ormuz y de bajada de los precios del petróleo.


















