Estos títulos existentes y negociables en la bolsa se reparten generalmente entre los particulares, los inversores institucionales y los directivos y empleados.
Cada una de estas acciones representa un título de propiedad sobre la empresa, que otorga a su propietario un derecho legal sobre los beneficios generados por esta proporcional al tamaño de su participación en el capital.
Sumadas todas, sirven también para calcular la capitalización bursátil de la empresa multiplicando su número por su cotización unitaria. Se obtiene así el «precio» que el mercado da a la empresa, siempre que no se tenga en cuenta el endeudamiento.
Véase al respecto El abecé del análisis financiero: Capitalización bursátil vs. valor de empresa.
El número de acciones en circulación es una variable decisiva en el análisis fundamental de la rentabilidad de una empresa a largo plazo. De ahí que resulte indispensable contrastar siempre su evolución con la de la facturación y los beneficios. Por ejemplo, si, en un período dado, la empresa duplica su beneficio pero también duplica el número de acciones en circulación tras ampliar el capital, la creación de valor para el accionista es nula: el pastel ahora es el doble de grande, pero el número de porciones también.
Podemos ilustrar esa idea con una gran empresa francesa, Veolia. Si el precio de la acción está en 2025 al mismo nivel que hace veinte años, a pesar de que su beneficio prácticamente se ha duplicado en ese período, es porque el número de títulos en circulación ha aumentado también un 87%.
A la inversa, y manteniéndonos en un plano teórico, una empresa que duplicara su beneficio pero que, a la vez, redujera el número de títulos en circulación a la mitad mediante recompras de acciones continuas cuadruplicaría la creación de valor para sus accionistas.
Ver al respecto El abecé del análisis financiero: Creación de valor vs. destrucción de valor.



















