Toda empresa presenta dos ciclos de inversión. El primero es un ciclo corto, de unos doce meses, correspondiente al ejercicio en curso, y se destina a los activos corrientes, que sirven para financiar las operaciones del día a día. El segundo es un ciclo largo, amortizado a lo largo de varios años, y se orienta a los activos fijos, que permiten financiar el desarrollo de la compañía.
La necesidad de capital circulante corresponde al ciclo corto. Equivale a los activos líquidos —o que pueden convertirse rápidamente en efectivo— que la empresa debe mantener a su disposición para financiar sus operaciones durante el ejercicio en curso. Se trata de las partidas de tesorería, inversiones a corto plazo, existencias y cuentas por cobrar de clientes.
Algunas actividades requieren muy poco capital circulante. Por lo general, el cobro a los clientes es rápido, incluso inmediato o previo a la entrega del bien o servicio adquirido, y en muchos casos no hay existencias.
En el mejor de los casos, si la empresa cobra de sus clientes mucho antes de pagar a sus proveedores, no hay ninguna necesidad de capital circulante, es decir, no hay que movilizar capital para garantizar la financiación de las operaciones corrientes.
Otras actividades, por el contrario, tienen unas necesidades de capital circulante mucho más exigentes. Por lo general, se trata de sectores en los que los clientes tardan en pagar y en los que, antes de cualquier acción comercial, es necesario acumular existencias considerables.
Un ejemplo muy ilustrativo, casi caricaturesco en sí mismo, es el de un productor de bebidas alcohólicas como coñac, whisky o vino. La acumulación de existencias, en efecto, lastra de manera estructural su flujo de efectivo operativo.
A menudo, un aumento de las necesidades de capital circulante, que movilizará más recursos y comprimirá así el flujo de efectivo libre en teoría distribuible a los accionistas, se percibirá como positivo, ya que refleja una expansión de la actividad.
Por el contrario, una disminución de las necesidades de capital circulante, que libera repentinamente una gran cantidad de efectivo redistribuible a los accionistas, puede reflejar una contracción de la actividad y, por lo tanto, una tendencia preocupante a la larga.
El análisis de las necesidades de capital circulante es un ejercicio complejo reservado a analistas experimentados, que comprenden la estacionalidad de la actividad y examinan determinadas ratios como la rotación de existencias, la relación entre facturas emitidas y pendientes de pago, etcétera.
Con este artículo no nos proponemos analizar hasta el último detalle del asunto, sino simplemente poner de relieve que una actividad con necesidades de capital circulante reducidas o negativas, al ser menos intensiva en capital, sigue siendo en esencia más fácil de gestionar a lo largo de los ciclos y, por lo general, es más lucrativa para los accionistas.
Véanse también El abecé del análisis financiero: El estado de flujos de efectivo y El abecé del análisis financiero: Los seis parámetros esenciales de la valoración de un activo.



















