Desde el máximo de 2020, la acción se ha desplomado más de un 70% en bolsa. Grifols parece incapaz de remontar, pese a que su cifra de negocios crece a buen ritmo desde hace cinco años. Antes de esta caída, el valor mostraba una rentabilidad destacable. Repaso a la trayectoria bursátil, tan brillante como convulsa, del especialista español en plasma.

Gráfico Grifols, S.A.

Para entender el desplome, primero hay que medir la altura desde la que se produce. A comienzos del siglo XX, la compañía se consolidó como pionera en el sector del plasma: fundó su primer laboratorio de análisis clínicos y desarrolló instrumentos innovadores para la extracción de sangre. Durante la Primera Guerra Mundial dio un paso decisivo al patentar el primer dispositivo de transfusión sanguínea indirecta. A partir de ahí encadenó innovaciones, siempre fiel a su actividad principal, que desembocaron en su expansión internacional en la década de los sesenta, apoyada en sus primeros acuerdos en Estados Unidos.

A partir de 2002, la empresa inició una estrategia de crecimiento agresiva. Primero adquirió Biomat (antes SeraCare) por 11,5 millones USD, asumiendo además una deuda cercana a 30 millones USD, y posteriormente se hizo con Alpha Therapeutics. Su salida a bolsa en 2006 no frenó esta dinámica: el grupo compró Talecris Biotherapeutics, una operación clave que lo situó como tercer fabricante mundial de medicamentos derivados del plasma. Más recientemente, ha reforzado su posición con la integración de la división de transfusión de Novartis y Hologic, la alemana Haema y, en 2022, Biotest.

El resultado es un grupo líder y plenamente integrado a escala global. En 2025, el 86% de la cifra de negocios procedía del segmento biofarmacéutico, mientras que el resto se repartía entre suministros biológicos, materias primas y diagnóstico. Los ingresos siguen dependiendo mayoritariamente de América del Norte.

La historia podría haber sido la de un laboratorio pionero convertido en campeón global, pero el peso de los números ha impuesto otra narrativa: la sucesión de adquisiciones terminó por tensionar el balance hasta el punto de inflexión de 2022.

Una deuda demasiado pesada en el peor momento

El modelo de negocio de Grifols presenta un punto débil evidente: depende por completo de las donaciones de plasma, que se desplomaron con la crisis sanitaria. Aunque se trataba de un fenómeno transitorio, bastó para inquietar a los inversores. En ese momento, además, la deuda ya era elevada: la ratio de deuda neta sobre el resultado bruto de explotación alcanzaba 7,8 veces en 2021.

La situación ya era delicada, pero la compañía optó por una nueva gran adquisición, financiada íntegramente con deuda. En 2022 compró la alemana Biotest por 1.500 millones EUR, cuando su resultado bruto de explotación apenas superaba los 1.000 millones EUR. La reacción del mercado fue inmediata: la acción perdió más del 50% en los meses posteriores al cierre de la operación, mientras el apalancamiento rozaba las 10 veces.

Resistencia operativa

Pese al lastre de la deuda, la actividad operativa ha mostrado cierta resistencia. La normalización sanitaria permitió recuperar el ritmo de donaciones de plasma, mientras que la demanda global de sus productos repuntó con fuerza. El resultado bruto de explotación aumentó un 26% en 2022 y mantuvo una senda de crecimiento en los años siguientes.

Para recuperar la confianza, la dirección puso en marcha un plan drástico de reducción de costes: rebaja de la remuneración a los donantes, cierre de centros no rentables y supresión de cientos de empleos. Estas medidas mejoraron el margen de explotación, aunque todavía no alcanza los niveles previos a la crisis.

En paralelo, las fuertes inversiones que habían penalizado la cotización comenzaron a dar frutos. El lanzamiento de productos de mayor margen y una mayor capacidad de fijación de precios contribuyeron a sostener la rentabilidad y estabilizar los resultados.

El golpe de Gotham City

Cuando la compañía empezaba a estabilizar sus márgenes, surgió un nuevo factor de riesgo. A comienzos de 2024, el fondo Gotham City —conocido por su papel en el caso Gowex— publicó un informe de 65 páginas titulado Grifols SA: Scranton and the Undisclosed Debts, en el que lanzaba acusaciones directas.

Entre ellas, señalaba una doble contabilización de la venta de dos filiales estratégicas en las cuentas de Grifols y de Scranton Enterprise (vehículo de inversión de la familia), la ocultación del verdadero nivel de apalancamiento —que situaba entre 10 y 13 veces frente a las aproximadamente 6 veces declaradas— y la existencia de préstamos no documentados.

El mercado reaccionó con pánico: la acción se desplomó un 35% en una sola sesión, borrando más de 3.000 millones EUR de capitalización bursátil, y provocó la salida de varios miembros de la familia del órgano de gobierno para tratar de calmar a los inversores.

Prioridad: reducir la deuda

Desde entonces, la reducción del endeudamiento se ha convertido en el objetivo central. La principal medida planteada ha sido la salida a bolsa de su filial biofarmacéutica en Estados Unidos, que genera más de la mitad del beneficio del grupo. Sin embargo, la iniciativa no ha convencido: el riesgo de dilución ha pesado más que sus posibles ventajas.

El verdadero alivio llegó por otra vía: la refinanciación de la deuda a corto plazo. Grifols logró refinanciar todos los vencimientos hasta 2027, una operación compleja que mejora su liquidez y desplaza el siguiente gran vencimiento a octubre de 2028.

Un primer trimestre aún insuficiente

Las cuentas del primer trimestre reflejan bien la situación actual. La cifra de negocios alcanzó 1.700 millones EUR, con un crecimiento orgánico del 3,3%, aunque retrocedió un 4,8% por el impacto del tipo de cambio. El resultado bruto de explotación ajustado aumentó un 0,8%, un 4% por encima de lo previsto por el consenso. El segmento biofarmacéutico volvió a ser el más rentable, con un alza del 6,8% en ventas.

No obstante, el desapalancamiento aún no ha comenzado: la ratio de deuda neta sobre resultado bruto de explotación subió a 5,4 veces, frente a 5,2 veces un año antes. El flujo de efectivo libre sigue en negativo, con -8 millones EUR, aunque mejora frente a los -38 millones del ejercicio anterior.

Pese a superar algunas previsiones, la compañía sigue lastrada por una profunda crisis de confianza. La rentabilidad tarda en recuperarse y el elevado endeudamiento eclipsa cualquier señal positiva. El capital aún tardará bastante en regresar al valor.