El BCE elevó sus tipos de interés por primera vez en tres años. Tal como se esperaba, los tres tipos oficiales subieron 25 puntos básicos.

Ante el repunte de la inflación desde el inicio de la guerra en Irán, el BCE es el primero de los grandes bancos centrales en adoptar esta decisión. La próxima semana, el Banco de Japón también debería seguir este camino, mientras que el Banco de Inglaterra y la Reserva Federal de Estados Unidos previsiblemente mantendrán sus tipos sin cambios.

El BCE también publicó sus nuevas proyecciones económicas. Sin sorpresas, anticipa un menor crecimiento y una mayor inflación que en marzo. La inflación general en la zona del euro se situará, de media, en el 3,0% en 2026, el 2,3% en 2027 y el 2,0% en 2028. Por su parte, el escenario central del organismo prevé un crecimiento económico medio del 0,8% en 2026, del 1,2% en 2027 y del 1,5% en 2028 en la zona del euro. Estas previsiones reflejan los efectos de un shock energético prolongado.

La subida de tipos anunciada hoy no sorprendió a nadie. Christine Lagarde subrayó además el carácter unánime de la decisión.

Numerosos analistas hablan de una subida de tipos «de carácter asegurador». Es decir, el BCE eleva los tipos en 25 puntos básicos para demostrar su compromiso en la lucha contra la inflación. Se trata, ante todo, de una cuestión de credibilidad.

Sin embargo, durante su rueda de prensa, Christine Lagarde rechazó en varias ocasiones esta calificación. No obstante, en la práctica es exactamente eso, ya que el BCE no se ha comprometido a nuevas subidas. El comunicado recuerda que no existe una trayectoria predefinida para los tipos y que las decisiones se adoptan «reunión a reunión».

Ante el repunte de la inflación, el BCE se veía obligado a subir los tipos, incluso a costa de lastrar el crecimiento. Conviene recordar que, a diferencia de la Reserva Federal de Estados Unidos, el BCE cuenta con un único mandato, lo que tradicionalmente le confiere un sesgo más restrictivo.

Si bien un aumento de 25 puntos básicos no bastará para frenar la dinámica económica, cabe cuestionar la necesidad de un endurecimiento monetario adicional en Europa. En primer lugar, porque los tipos de interés de mercado ya han repuntado con fuerza, contribuyendo a endurecer las condiciones financieras y haciendo en parte el trabajo del BCE.

En segundo lugar, porque nos enfrentamos a un shock de oferta. «Salvo que me equivoque gravemente, la subida de los tipos oficiales no reabrirá el estrecho de Ormuz», resume Frederik Ducrozet, economista jefe de Pictet Wealth Management. Dada la debilidad de la demanda en la zona del euro, además, nada garantiza que el encarecimiento de la energía se traslade ampliamente al conjunto de la economía.