Bloque 1: Noticias esenciales
¿Mastercard dispuesta a comprar Zerohash por 2.000 millones?
Mastercard estaría en negociaciones avanzadas para comprar la startup Zerohash, especializada en critpoinfraestructuras (stablecoins, tokenización, pagos transfronterizos, etc.). La cantidad aludida está entre los 1.500 y los 2.000 millones USD. Zerohash ya colabora con Morgan Stanley para facilitar el intercambio de criptomonedas en E*Trade, y participa en varios proyectos relacionados con los pagos on-chain, en particular a través de Chainlink. Esta compra reforzaría la ofensiva de Mastercard en las finanzas descentralizadas (DeFi) tras haber perdido la opción de compra de BVNK frente a Coinbase. El objetivo declarado es convertirse en un actor clave del ecosistema criptográfico sin perder de vista la regulación.
Consensys podría salir a bolsa con JP Morgan y Goldman Sachs
Según Axios, el gigante de Ethereum Consensys, fundado por Joseph Lubin, estaría preparando activamente su salida a bolsa. La operación, aún sin confirmar oficialmente, contaría con el apoyo de JP Morgan y Goldman Sachs, y podría convertirse en la mayor salida a bolsa jamás realizada por una empresa nativa del ecosistema Ethereum. Conocida por la cartera MetaMask y los servicios Infura y Linea, Consensys se impondría así como un nuevo actor del criptoverso en dar el salto al mercado público, después de Coinbase, Circle o Gemini. Una salida a bolsa estratégica en un clima más favorable a las criptomonedas bajo la Administración de Trump y en un momento en el que las finanzas tradicionales multiplican los puentes con la Web3.
Visa acelera con las ‘stablecoins’: integra cuatro nuevos tokens en su red
El gigante de los pagos Visa continúa su giro hacia la Web3. Tras un proyecto piloto concluyente, la empresa anuncia la admisión de cuatro nuevas criptomonedas estables, repartidas en cuatro blockchains diferentes y vinculadas a dos monedas fiduciarias. Estos activos podrán aceptarse y convertirse en más de 25 divisas, según ha precisado el director general Ryan McInerney. Esta decisión se basa en un uso cada vez mayor: los gastos con tarjetas vinculadas a las stablecoins se han multiplicado por cuatro en un año. Visa ya cuenta con 140,000 millones USD en flujos de criptomonedas y stablecoins, y más de 130 programas activos en 40 países. Una clara señal de adopción... y de competencia directa con los bancos centrales y las redes de pago tradicionales.
S&P rebaja la calificación de Strategy a B-: ¿demasiados bitcoins y poco efectivo?
S&P Global ha otorgado una calificación B- a la deuda de Strategy, alegando una liquidez frágil: la empresa posee 640.000 BTC, pero sus deudas e intereses están denominados en dólares. Esta asimetría monetaria preocupa a los analistas, especialmente en caso de caída de la criptomoneda. A pesar de que el valor de los activos supera al de la deuda (8.210 millones USD), S&P señala el riesgo de refinanciación y la frecuente emisión de acciones. Una subida de la calificación sigue siendo poco probable a corto plazo, a menos que Strategy refuerce su tesorería en dólares y demuestre su resistencia en los mercados financieros en períodos de tensión. La acción MSTR cotiza actualmente a 292 USD, lo que supone un descenso del 46% desde su máximo histórico.
Bloque 2: Criptoanálisis de la semana
En el Banco Central Europeo se lleva a cabo un proyecto desde 2021, un euro sin papel ni metal, diseñado para circular a la velocidad de un clic, con la ambición de ser tan público, universal y seguro como la moneda que llevas en el bolsillo. Su nombre, el euro digital.
La idea en una frase
Es dinero digital. Una «moneda digital del banco central» (MDBC) emitida directamente por el BCE. Poseer euros digitales equivaldría, jurídicamente, a poseer el equivalente en billetes y monedas... pero desmaterializados. Y a diferencia del dinero de la cuenta corriente (un crédito al banco depositario y garantizado hasta 100.000 euros), el euro digital sería un crédito al propio BCE, como lo es hoy en día el dinero en efectivo. El objetivo declarado es contar con un medio de pago sencillo, instantáneo, a veces fuera de línea y gratuito para el usuario final.
En concreto, el euro digital sería una cartera (aplicación) que contiene moneda del banco central: jurídicamente, es un pasivo del BCE (como los billetes), utilizable en pagos instantáneos, posiblemente sin conexión para pequeñas cantidades ni gastos para el usuario. El dinero de tu cuenta corriente, por su parte, es un crédito contra tu banco: le prestas a tu banco, con una garantía de depósitos de hasta 100.000 euros. En la práctica, la cuenta corriente conserva todos los servicios (tarjeta, transferencia, descubierto, posible remuneración), pero los pagos pasan por intermediarios y no se liquidan directamente en la moneda central. El euro digital estaría destinado principalmente a los pagos cotidianos (con un límite máximo de tenencia aún por fijar y, en principio, sin remuneración).
¿Por qué ahora? Tres motivos estratégicos
- Acompañar la transición total hacia lo digital. El efectivo sigue siendo un medio de pago importante en la zona del euro; algo más de la mitad de las transacciones (52%) se pagaron en efectivo en 2024, según una encuesta del BCE realizada a 40.000 participantes. Sin embargo, esta proporción es mucho menor en términos de valor, ya que solo representa el 39% de las transacciones. De las cuatro mayores economías de la UE, Francia es el único país que se sitúa por debajo de la media de la zona del euro, que es del 52%, mientras que Alemania se sitúa ligeramente por encima, con un 53%. El euro digital pretende complementar (y no sustituir) al efectivo para que todo el mundo siga teniendo acceso a una moneda pública en la era de las aplicaciones.
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Número de pagos en efectivo por país de la UE
Euronews
- Soberanía europea. Hoy en día, una gran parte de los pagos con tarjeta en Europa se realiza a través de redes no europeas. Principalmente Visa y Mastercard. Cuando se paga en línea, en el extranjero o con tarjetas de doble marca, el enrutamiento suele pasar por redes internacionales, en su mayoría estadounidenses. Una MNBC ofrecería una infraestructura de pago común, bajo gobernanza europea, y una alternativa creíble al auge de las stablecoins privadas en dólares (USDT, USDC, etc.).
- Confianza en el euro. Ante la proliferación de innovaciones financieras, el BCE quiere afianzar el euro en el ámbito digital sin renunciar a las características del dinero en efectivo: acceso universal, solidez, amplia aceptación y confidencialidad en un grado comparable para los pequeños pagos.
¿En qué punto nos encontramos? El calendario realista
- 2021-2023. Fase de exploración, seguida de la fase preparatoria (arquitectura, prototipos de carteras, «recopilación de normas», selección de proveedores).
- 2027 (objetivo). Proyecto piloto con operaciones de prueba si se adopta a tiempo el marco jurídico europeo.
- 2029 (como muy pronto). «Posible primera emisión» a gran escala, siempre que el Parlamento y el Consejo voten a favor y se complete la preparación técnica.
Costes: el BCE calcula que el desarrollo hasta el lanzamiento costará alrededor de 1.300 millones EUR, y que los costes de explotación serán de unos 320 millones EUR al año a partir de 2029. En cuanto al sector bancario, algunas federaciones estiman que la adaptación de los sistemas costará hasta 18.000 millones EUR; el BCE lo niega y plantea más bien entre 4.000 y 6.000 millones EUR netos gracias a las sinergias y la mutualización. Al igual que con los billetes, el Eurosistema financiaría su parte a través del señoreaje (ingresos procedentes de la emisión de moneda).
¿Cómo te afectará?
Dispondrías de una cartera digital en euros (en la aplicación del banco o de un proveedor autorizado) que puede funcionar tanto en línea como fuera de línea para pequeñas cantidades. Podría pagar en una tienda, devolver dinero a un amigo, recibir un reembolso de la Administración: la transferencia se realizaría en moneda del banco central, en pocos segundos, potencialmente las 24 horas del día, los 7 días de la semana, con una experiencia similar a la de una «transferencia instantánea/tarjeta», pero sin gastos.
Las medidas de seguridad que molestan (y tranquilizan)
Límite máximo de tenencia. Para evitar una fuga masiva de depósitos fuera de los bancos, el BCE prevé un límite máximo por persona que rondará los 3.000 euros. El mensaje es claro: el euro digital sirve para los pagos cotidianos, no para vaciar la libreta de ahorro. Para los bancos, es un cortafuegos contra la desintermediación. Para algunos ciudadanos, es frustrante: el acceso directo a la moneda central seguirá siendo limitado.
Privacidad. El dinero en efectivo es anónimo; el digital no lo es por naturaleza. El compromiso al que se aspira se basa en una mayor confidencialidad, zonas de anonimato para pequeños pagos fuera de línea, un cifrado avanzado y una separación de funciones para que el BCE no vea tus compras. La promesa es firme, pero su credibilidad dependerá de los detalles técnicos y de las auditorías.
Interoperabilidad y aceptación. Para que triunfe, el euro digital debe ser aceptado en todas partes, funcionar con los medios existentes (tarjetas, transferencias instantáneas, QR, etc.) y no complicar la vida a los comerciantes. Ese es el objetivo de las normas que se están ultimando con los bancos, los proveedores de servicios de pagos y las redes de distribución.
Las críticas que no deben ignorarse
«¿Para qué sirve?». Muchos europeos ya pagan con su teléfono. Si la experiencia no mejora en cuanto a simplicidad, ubicuidad y protección de la privacidad, la adopción seguirá siendo lenta, un riesgo que subrayan las encuestas y los bancos.
«¿Gran Hermano?». Las ONG y las autoridades de protección de datos advierten de que una MNBC mal diseñada puede convertirse en una herramienta de vigilancia o de control de su uso. El proyecto europeo promete lo contrario, pero tendrá que demostrarlo.
«Va a costar una fortuna». Detrás del límite máximo potencial de 3.000 EUR por persona se intenta evitar que el euro digital se convierta en una «aspiradora de depósitos» en detrimento de los bancos comerciales.
Hoy en día, tu cuenta corriente no es «efectivo del BCE», sino un crédito a tu banco. Estos depósitos a la vista constituyen la principal fuente de financiación, poco costosa y relativamente estable, que permite a los bancos conceder créditos a la economía real. Si una parte significativa de estos depósitos migra hacia carteras en euro digital, garantizadas por el Banco Central y percibidas como más seguras, los bancos pierden una base de recursos baratos. Entonces tendrían que refinanciarse en otros lugares: en los mercados (bonos, títulos garantizados), en el BCE o aumentando la remuneración de los depósitos para animarte a quedarte. En cualquier caso, el coste de la financiación aumenta, los márgenes de intermediación se reducen y, mecánicamente, el crédito se vuelve más escaso o caro.
Este riesgo tiene dos caras. En condiciones normales, incluso unos pocos puntos porcentuales de depósitos transferidos bastarían para tensar los balances: a escala de un gran país, esto representa rápidamente decenas, incluso cientos de miles de millones de euros que deben sustituirse por recursos más costosos. En situaciones de crisis, el peligro es más abrupto: una «huida hacia la calidad» digital, las 24 horas del día y de forma instantánea, en la que los particulares y las empresas transfieren parte de sus fondos al BCE a golpe de clic. En otras palabras, una «huida bancaria» a la velocidad de la luz. Este es el escenario que las autoridades quieren neutralizar: el límite máximo de tenencia restringe la cantidad de euros digitales que cada uno puede almacenar, la idea de una remuneración desincentivadora por encima de un umbral (por ejemplo, interés cero o un tipo inferior al de los depósitos bancarios) reduce el atractivo de dejar grandes cantidades, y los mecanismos de «cascada» pueden devolver automáticamente el excedente a la cuenta bancaria tradicional. A esto se suman límites operativos para su uso desconectado, con el fin de evitar que flujos muy grandes escapen temporalmente a los controles.
Incluso con estas salvaguardias, la desintermediación no desaparece por completo: se contiene y se controla. Los bancos conservarían la mayor parte de los depósitos transaccionales, pero a costa de una nueva competencia con una forma de moneda central que se ha vuelto accesible al público en general. Tendrán que adaptarse: remunerar mejor las cuentas, diversificar sus recursos y, en lo que respecta a los pagos, revisar un modelo económico que también se nutre de las comisiones y los datos de los clientes. Si mañana una parte de las transacciones pasa por un canal público en moneda del banco central, los ingresos por intercambio y las rentas de fricción se reducirán, y la ventaja informativa de los bancos sobre los flujos de sus clientes podría erosionarse según la arquitectura elegida. De ahí, como contrapartida, la promesa de las autoridades: el euro digital seguirá siendo un medio de pago cotidiano, no una nueva libreta garantizada por el BCE. El equilibrio que hay que encontrar es claro: lo suficientemente atractivo como para ofrecer un bien público moderno y resistente, pero no tanto como para desestabilizar la capacidad de los bancos para financiar la economía.
Detrás de la infraestructura técnica se esconde un reto monetario y estratégico: mientras que las stablecoins en dólares se instalan en los pagos globales y otras potencias prueban sus MNBC, el euro digital es el intento europeo de no dejar el futuro de la moneda —y de los canales de pago— en manos de las grandes tecnológicas y países externos.
Bloque 3: Tops & Flops
Ranking de criptomonedas
(haz clic para ampliar)

Bloque 4: Lecturas de la semana
Truth Social, la empresa de Donald Trump, lanza un competidor de Polymarket (Wired, en inglés).
Cómo las empresas de Trump ganaron 1.000 millones de dólares gracias a las criptomonedas (Financial Times, en inglés).


















