Donald Trump llegó a China en busca de influencia. Xi Jinping lo recibió con ceremonia, palabras corteses y una advertencia. Esa advertencia giraba en torno a Taiwán. Al inicio de la cumbre de dos días en Pekín, Xi dijo a Trump que las conversaciones comerciales estaban progresando, pero que Taiwán seguía siendo el tema con mayor potencial para empujar a Estados Unidos y China por una senda peligrosa. El mensaje no fue sutil: Washington puede querer un acuerdo sobre comercio, chips, IA y energía, pero Pekín quiere definir los términos de la relación.
Este es el núcleo del problema de Trump con China. Le gusta presentar la diplomacia como una prueba de voluntad personal: un líder fuerte frente a otro al otro lado de la mesa, un trato esperando ser cerrado. Pero la China de 2026 no es la China que Trump visitó en 2017. Pekín se muestra más seguro de sí mismo, con mayor capacidad tecnológica y más dispuesto a utilizar su mercado, sus cadenas de suministro y su paciencia geopolítica como herramientas de presión. Trump puede seguir hablando como el hombre que tiene todas las cartas. Xi actúa como el hombre que se ha leído toda la baraja.
La lista de invitados lo dejó claro. Xi se reunió no solo con Trump, sino también con los líderes empresariales estadounidenses que viajaron con él: Jensen Huang de Nvidia, Tim Cook de Apple y Elon Musk, cuyo imperio abarca Tesla, SpaceX, X y más. Juntas, sus empresas representan billones de dólares en valor de mercado. Su presencia envió una señal nítida. Esta cumbre no trata solo de banderas, apretones de manos y orgullo nacional. Trata de quién obtiene acceso a la economía del futuro.
Ese futuro se construye sobre chips, inteligencia artificial, vehículos eléctricos, sistemas energéticos y las normas que los rigen. Las acciones de Nvidia subieron tras los informes de que Estados Unidos había autorizado a unas diez empresas chinas a comprar el H200, su segundo chip de IA más potente. A los inversores les encantó la noticia. El mercado puede perdonar casi cualquier cosa cuando un valor de semiconductores está al alza.
La agenda de la cumbre está saturada: tregua comercial, IA, energía, semiconductores, Taiwán e Irán. Cualquiera de estos temas bastaría para poner a prueba una visita diplomática normal. Juntos, muestran cuánto ha cambiado la relación entre Estados Unidos y China. Irán fue también la complicación más inmediata. Trump ha insistido en que no necesita la ayuda de China para presionar a Teherán. Su propio secretario de Estado, Marco Rubio, se ha mostrado menos seguro, afirmando que Washington quiere que Pekín presione a Irán para que desista de sus acciones en el Golfo Pérsico.
La guerra con Irán ha contribuido a elevar los precios de la energía, alimentando la inflación: los precios al productor de abril subieron un 6% respecto al año anterior, la lectura anual más alta desde 2022, y el salto mensual fue también el más brusco desde ese mismo año. Las empresas han absorbido parte del coste en lugar de repercutirlo íntegramente a los consumidores, pero eso solo puede durar un tiempo limitado.
Esto sitúa a la Reserva Federal en un aprieto. Si el petróleo se mantiene alto y la inflación sigue desbocada, la Fed podría verse obligada a mantener una política restrictiva o incluso a subir los tipos. Los operadores ya han aumentado las apuestas por una subida de tipos antes de fin de año. Mientras tanto, los inversores exigieron un rendimiento del 5,05% en una subasta de bonos del Tesoro a 30 años, el más alto desde 2007, señal de que el mercado de bonos ya no está dispuesto a ignorar cortésmente el riesgo inflacionario.
Aun así, la renta variable sube, con los futuros del Dow ganando un 0,8% esta mañana. Los futuros del S&P 500 y del Nasdaq alcanzaron máximos históricos ayer, impulsados por Nvidia y el sector de la IA en general. Cisco también repuntó tras anunciar casi 4.000 despidos y elevar su previsión de ingresos ante la fuerte demanda de los hiperescaladores. En Europa, fabricantes de chips como STMicroelectronics e Infineon se revalorizaron. En Asia, la reacción fue moderada, con los índices regionales casi planos.
El Ibex sube con fuerza por Telefónica mientras el Banco de España mide el impacto de limitar las hipotecas
El Ibex 35 avanza este jueves un 0,87%, hasta los 17.807 puntos, impulsado por las fuertes subidas de Telefónica, que se dispara un 6,6% tras presentar unos resultados que reflejan una reducción de deuda de 1.500 millones de euros. Merlin, que también publicó ayer sus cifras, cotiza con alzas moderadas, apoyada en la fortaleza de sus centros comerciales. Junto a Telefónica, los valores más alcistas del selectivo son Grifols y ACS, mientras que en el lado bajista no destaca ningún título. En el Mercado Continuo, CIE Automotive se deja más de un 6% después de la colocación acelerada con la que Mahindra ha salido de la compañía, ejecutada con un descuento del 6%, a 29,37 euros por acción.
Al mismo tiempo, el Banco de España calibra con cautela posibles restricciones a la concesión de hipotecas para reforzar la resiliencia de los hogares y de las entidades financieras sin provocar un repunte adicional de los alquileres. El supervisor trabaja en un marco que le permita activar límites macroprudenciales sobre los criterios de concesión de préstamos cuando detecte riesgos de endeudamiento excesivo. En su informe semestral de estabilidad financiera, advierte de que estas medidas podrían desplazar parte de la demanda de vivienda en propiedad hacia el alquiler y favorecer una bajada de los precios de compra, aunque también podrían encarecer los arrendamientos y restar eficacia al plan.
La revisión llega en un contexto especialmente tensionado para el mercado inmobiliario. Los alquileres crecen muy por encima de la inflación, con subidas del 10% en 2024 y del 5% en 2025, en un mercado con un déficit estimado de alrededor de 700.000 viviendas. Al mismo tiempo, los precios de la vivienda en términos reales aumentaron a una tasa anual del 9,7% en 2025, aunque todavía se sitúan un 14,7% por debajo del máximo registrado a comienzos de 2007, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria que desembocó en el rescate del sector bancario.
Pese a esta evolución, el Banco de España sostiene que aún no ha detectado señales que apunten a una burbuja inmobiliaria, como un crecimiento excesivo del crédito. Aunque el volumen de préstamos hipotecarios aumentó un 3,7% interanual en el cuarto trimestre de 2025 y encadena ya cinco trimestres consecutivos al alza, sigue muy por debajo, en términos reales, de los niveles observados entre 2000 y 2008. En marzo, además, las nuevas hipotecas concedidas en España crecieron un 9,6% interanual.























