Esto se debe también a que el NASDAQ se ha desplomado, arrastrado por un posible inicio de corrección en el sector de los fabricantes de equipos —descrito por muchos observadores como en sobrecalentamiento especulativo—, hasta entonces considerados los grandes ganadores de la carrera por la potencia de cálculo; y a que Meta, sorprendentemente, pero al igual que Google, también podría plantearse vender nuevas acciones.
Sorprendentemente porque, en otras circunstancias, y según los cánones de las finanzas de mercado tradicionales, cuesta imaginar que un grupo sumamente rentable, sin deuda neta, valorado en 1,5 billones USD, y que el año pasado generó un resultado operativo de más de 80.000 millones USD, sea incapaz de autofinanciarse.
Y, sin embargo, entre los líderes de los hiperescaladores en la era de la IA, Meta tiene la intención de invertir la friolera de 145.000 millones USD este año, y aún más en 2027, es decir, una cantidad claramente superior al flujo de efectivo operativo de 116.000 millones generado en 2025, que, por su parte, solo debería crecer modestamente en el ejercicio fiscal 2026.
En cuanto a la magnitud del esfuerzo inversor, supera los horizontes marcados hasta ahora. Meta registró una facturación de 200.000 millones USD en 2025, con un margen operativo abultado —superior al 40%— y un programa de inversiones de 70.000 millones que, ya de por sí, representaba un récord histórico en términos de intensidad de capital.
El hecho de que los hiperescaladores hiperrentables recurran a ampliaciones de capital en lugar de a los mercados de crédito sugiere dos posibles razones: o bien el crédito se ha agotado efectivamente, debido al pánico en torno al «crédito privado», incluso para las mejores firmas del mercado; o bien Meta, al igual que Alphabet, considera que su acción está sobrevalorada, lo que hace que la venta de acciones resulte más atractiva y menos costosa que el coste del crédito en un contexto de tipos de interés en su nivel más alto en veinte años.
Sin embargo, un vistazo a las ratios de valoración tiende a demostrar que el grupo con sede en Menlo Park no se mueve en niveles históricamente elevados. Más bien al contrario, ya que siempre ha existido una fuerte desconfianza de los inversores hacia la gobernanza de Meta, estrechamente controlada por Mark Zuckerberg; el episodio del avance, por ahora frustrado, en la realidad virtual también ha dejado huella.
No obstante, en el último decenio, Meta, que ya partía de un nivel alto, ha multiplicado por siete su facturación y su beneficio de explotación, mientras que el número de acciones en circulación se reducía un 12% en términos diluidos. Durante el período, quienes apostaron en contra de Zuckerberg se llevaron un buen chasco; al igual que, hay que decirlo, quienes consideraban que este había perdido la cabeza cuando, en 2012, compró Instagram y sus trece empleados por 1.000 millones USD —una cifra que, en su momento, provocó muchos ceños fruncidos—.



















