Los resultados al alza y unas perspectivas optimistas bastaron para tranquilizar al mercado, que impulsó el título de Meta (10,4% en la sesión del 29 de enero de 2026). Aun así, esta confianza sigue siendo frágil. Podría ponerse rápidamente en entredicho si la empresa de Facebook no logra cumplir sus promesas tecnológicas. Un nuevo tropiezo recordaría a los inversores que Meta gasta sin medida en inteligencia artificial, sin ninguna garantía de éxito. En caso de fracaso, la inteligencia artificial podría acabar como el metaverso, es decir, como un pozo sin fondo que no ha hecho más que agotar la tesorería.

Un órdago reciente por la inteligencia artificial

Meta prevé invertir una cuantía récord de 122.000 millones USD en 2026, solo superada por Amazon en el mismo período. El esfuerzo es más colosal si cabe en tanto en cuanto a la empresa aún le está costando imponerse como un actor de primer nivel en la inteligencia artificial generativa. A su modelo de código abierto Llama le está costando encontrar su sitio en un entorno competitivo extremadamente denso.

Consciente de este retraso, Mark Zuckerberg ha decidido cambiar de estrategia. En el verano de 2025, Meta ya dio que hablar con la creación de «The List», un auténtico superequipo dedicado a la inteligencia artificial. Para atraer estos perfiles tan codiciados, el máximo responsable de Meta no dudó en ofrecer remuneraciones espectaculares, a veces muy por encima de lo habitual en el sector. El foco se desplaza ahora hacia los dos próximos modelos de la empresa: Avocado y Mango. Avocado se presenta como un futuro competidor de ChatGPT (OpenAI) y de Gemini (Alphabet). Previsto para los próximos meses, estará orientado al texto. Mango, por su parte, se encargará de la imagen y el vídeo. Su lanzamiento está previsto para este año, en un momento próximo al del modelo de texto.

Detrás de esta ofensiva se esconde un doble objetivo. Primero, lanzar un modelo propio (y, por tanto, no de código abierto) más potente y realmente competitivo. Después, posicionar a Meta como un actor clave de la IA general, capaz de aprender de forma autónoma a imagen de la inteligencia humana. Zuckerberg incluso llega a hablar, de cara a un plazo más largo, de la superinteligencia, una inteligencia artificial que superaría las capacidades humanas. El máximo responsable de Meta ha elegido claramente bando en la controversia entre partidarios y detractores de la IA general.

Una apuesta que debe empezar a dar frutos

El relato en torno a la superinteligencia ha seducido, por ahora, a los inversores. Pero la historia reciente muestra que el mercado puede olvidarse del tema muy deprisa. Con la publicación de los resultados del tercer trimestre, el anuncio de una nueva subida de las inversiones provocó una caída brusca del título, del orden del 11% en una sola sesión. Desde entonces, la cotización ha vuelto a niveles anteriores y el consenso de los analistas parece más confiado. Meta registra un avance de alrededor del 12% desde el comienzo del año, mientras que el Nasdaq se mantiene plano.

El reto es materializar el impulso. Meta debe convencer de que puede volver a ser creíble en el frente de la inteligencia artificial y, por qué no, marcar nuevos máximos históricos en bolsa. Con ese objetivo, Avocado, el sucesor anunciado de Llama, ha creado muchas expectativas. La tarea, no obstante, se anuncia compleja frente a una competencia que se ha reforzado de forma clara en los últimos meses.

Si el comportamiento de este nuevo modelo decepcionara, los inversores podrían concluir que Meta ha perdido el tren de la inteligencia artificial. El título podría entonces correr una suerte comparable a la de Apple, cuya estrategia en esta tecnología también sigue pendiente de confirmación.

Para terminar con una nota más favorable, Meta conserva un activo importante: su capacidad para monetizar la IA en el núcleo de su negocio publicitario. En el último trimestre, de los casi 60 mil millones USD de ingresos, nada menos que 58,13 mil millones procedieron de la publicidad. Una base sólida en la que la empresa pretende apoyarse para rentabilizar sus inversiones tecnológicas y, quizá, convencer a la larga a los mercados.