El matrimonio parecía perfecto, pero la tensión estaba ahí desde el principio. Antes del lanzamiento de las primeras Ray-Ban Stories en 2021, Mark Zuckerberg presionaba para fijar un precio de entrada en torno a 250 USD, convencido de que el volumen debía primar. EssilorLuxottica se negaba a malvender sus monturas icónicas. Tras semanas de negociación, se alcanzó un compromiso en 299 USD, que serviría de referencia para los siguientes lanzamientos.

Cuatro años después, los socios presumen de haber vendido 7 millones de pares en 2025, impulsados por la llegada de la inteligencia artificial (IA) de Meta ya en la segunda generación, lanzada en 2023. Las cifras son sólidas, hasta el punto de que la colaboración se prorrogó diez años en 2024. Pero el clima se ha endurecido: Meta quiere convertir estas lentes en una gran puerta de entrada a sus productos, mientras EssilorLuxottica pone en peligro su modelo histórico en favor de la tecnología.

El punto de ruptura regulatorio

La discordia tiene un nombre en clave: «Name Tag». Mark Zuckerberg quiere integrar el reconocimiento facial para identificar a transeúntes cruzando perfiles de Instagram y Facebook. Para EssilorLuxottica, el riesgo reputacional es mayúsculo: la empresa se niega a que sus monturas —con Ray-Ban a la cabeza— se conviertan en herramientas de identificación social, por el previsible rechazo de los clientes y el riesgo regulatorio que implica. En un momento en que Europa endurece su normativa sobre biometría en 2026, este proyecto incluso podría bloquear cualquier campaña comercial en el continente.

Al mismo tiempo, Apple avanza con una estrategia inversa: sus futuros dispositivos apostarían por el cifrado y la privacidad. La marca ha cimentado parte de su estrategia en la protección de la vida privada, convertida en un argumento asociado a una clientela exigente.

Cuando la IA devora los márgenes

Más allá de la ética, el conflicto también es contable. Meta, cuyo modelo descansa en los datos y el ecosistema de programas más que en los dispositivos, empuja hacia precios bajos e incluso plantea duplicar la capacidad de producción hasta 20 o incluso 30 millones de unidades este año. EssilorLuxottica defiende justo lo contrario. Francesco Milleri ha prometido a los inversores que el beneficio operativo crecerá al mismo ritmo que la facturación en un horizonte de cinco años, mientras lidera un cambio hacia la tecnología médica, que exige márgenes robustos.

Pero la factura ya asoma: el margen bruto ajustado retrocedió 2,6 puntos en 2025, hasta el 60,9% de las ventas. Las gafas con IA explican por sí solas dos tercios de ese impacto. Los últimos modelos Ray-Ban Display, vendidos a 799 USD, incorporan costes inéditos en componentes electrónicos y en ampliación de plantas, que el volumen de ventas todavía no compensa por completo. Los analistas de AlphaValue advierten: si el producto se orienta al público general, el margen de explotación podría deslizarse del 16,7% a alrededor del 10%. Unas dudas que ya han tenido consecuencias en el mercado: la acción de EssilorLuxottica ha caído cerca de un 30% en tres meses.

En este contexto, la toma de una participación de Meta en el capital de EssilorLuxottica —de al menos un 3%, anunciada el año pasado— parece menos un símbolo de confianza que un paso hacia un control progresivo.

Un mercado abarrotado en el que la elegancia ya no basta

El tiempo en que estas dos jugaban en solitario se ha acabado. La consultora International Data Corporation prevé un crecimiento anual de las gafas conectadas superior al 29%, hasta los 30 millones de unidades, en 2029, lo que supondría un mercado valorado en 10.800 millones USD, y eso despierta, lógicamente, el apetito de las empresas. Google se alía con Warby Parker para volver a la carrera, Apple acelera el desarrollo de sus propias gafas con IA y OpenAI ha fichado a Jony Ive, diseñador del iPhone, para una ofensiva en dispositivos.

Ante esta competencia, ambos socios intentan ampliar el ecosistema: hay conversaciones con Prada para una colección conjunta con IA. Pero esta ampliación no resuelve la contradicción de fondo. Al querer imponer una identificación biométrica generalizada y una producción en masa, Meta corre el riesgo de empujar al líder mundial de la óptica hacia la ruptura de su alianza.