Ayer la Casa Blanca cambió de rumbo. Tras amenazar con una escalada catastrófica, el presidente Trump acordó un marco de alto el fuego de dos semanas con Irán y lo vinculó a la reapertura del estrecho de Ormuz. Afirmó que los objetivos militares de Estados Unidos ya se habían alcanzado y que las conversaciones sobre una paz a largo plazo estaban avanzando. Añadió que Washington discutiría el alivio de aranceles y sanciones con Teherán. También advirtió de que cualquier país que suministre armas militares a Irán se enfrentará a aranceles del 50% sobre sus exportaciones a Estados Unidos. Es un giro de política exterior muy radical, incluso para lo que se ve últimamente. La Administración afirma que no habrá enriquecimiento de uranio y que ya se han aceptado muchos elementos de su plan propuesto. Trump incluso afirmó en una publicación en redes sociales que Estados Unidos trabajará con Irán para «excavar y retirar» el material nuclear del país.

Durante semanas, el gran temor era que el conflicto en Oriente Próximo siguiera impulsando el petróleo al alza, volviera a disparar la inflación y complicara aún más la labor de la Reserva Federal. Ahora que el crudo ha caído bruscamente, ese temor se está disipando. 

Sin ánimo de aguar la fiesta, es posible que el optimismo no esté justificado. Irán ha presentado un plan de paz de diez puntos publicado por Nour News, un medio iraní cercano al Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, y los términos no parecen especialmente favorables para Estados Unidos Incluye el mantenimiento del control iraní sobre el estrecho de Ormuz, la aceptación de que Irán pueda enriquecer uranio para su programa nuclear, la eliminación de todas las sanciones primarias contra Irán, el fin de todas las resoluciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica sobre el programa nuclear iraní, así como el pago de indemnizaciones a Irán por los daños de guerra. En conjunto, estas condiciones seguirían dejando a Irán con ganancias importantes que no tenía antes de la guerra, razón por la cual podría considerarse una victoria para Trump.

Deutsche Bank señaló que los inversores se sienten lógicamente aliviados al ver surgir una vía de salida, pero también avisó de que la verdadera prueba de fuego es si esto conducirá a una desescalada duradera. Hargreaves Lansdown lo ha expresado con mayor claridad: si el tráfico a través del estrecho no se restablece por completo, y sin nuevas interferencias de Irán, es poco probable que los precios del petróleo se estabilicen por mucho tiempo. Esa es la cuestión que planea sobre la próxima semana. ¿Es este el comienzo de un verdadero período de distensión o solo una pausa temporal con una buena estrategia de comunicación?

Por ahora, los mercados se decantan por el optimismo. El crudo Brent ha caído con fuerza, tras haber superado brevemente los 110 USD por barril durante la crisis. Algunos analistas creen que el petróleo podría terminar el año cerca de los 80 USD si realmente se mantiene un acuerdo más amplio entre Estados Unidos, Israel e Irán. Las empresas de pequeña capitalización suben, el sector tecnológico rebota y los sectores cíclicos vuelven a la vida. Al mismo tiempo, el oro también sube, lo que indica que no todo el mundo está plenamente convencido.

En cuanto a las noticias corporativas, Shell afirma que el conflicto de Oriente Próximo afectó a la producción de gas natural, en parte por la pérdida del flujo de Catar, aunque la solidez de la comercialización de crudo debería ayudar a compensar parte de los daños. Sus acciones siguen cayendo porque, en este momento, al mercado le preocupa más la bajada de los precios del petróleo que las ganancias por intermediación. Blue Owl sufrió una rebaja de calificación por parte de Moody's después de que los inversores solicitaran retirar una gran cantidad de dinero, pero la acción aun así subió en las operaciones previas a la apertura porque el apetito general por el riesgo está impulsando casi todo lo que no sea energía. Levi Strauss tuvo un motivo más directo para subir: su plan de reestructuración parece estar funcionando y elevó sus previsiones. Los resultados de Delta, RPM International y Constellation Brands deberían ofrecer más pistas sobre si las empresas estadounidenses ven esto como un reinicio genuino o solo un respiro temporal. Entretanto, los inversores analizarán las actas de la reunión de marzo de la Fed, junto con los comentarios de Mary Daly y Christopher Waller. 

Acelerón de la bolsa española tras la tregua en Irán y máximos al alcance de la mano

El IBEX 35 y el resto de los índices europeos se disparan este miércoles tras el anuncio del alto el fuego. La noticia ha cambiado de forma radical el ánimo del mercado después de varias semanas marcadas por la máxima tensión geopolítica. En este contexto, el selectivo español sube con fuerza y supera ampliamente la barrera de los 18.000 puntos, con avances también muy destacados en el DAX, el CAC y el FTSE MIB.

Desde el punto de vista técnico, el IBEX ha pulverizado la resistencia clave de corto plazo situada en los 17.720 puntos y ha logrado recuperar también la cota de los 18.000. El índice se queda así a un paso de cerrar la brecha bajista abierta a comienzos de marzo en los 18.360 puntos, un nivel decisivo para afianzar la vuelta a la senda alcista. Los máximos históricos están ya muy cerca, en los 18.573 puntos, y su superación volvería a dejar al índice el camino expedito para seguir subiendo.

Por debajo, el primer soporte relevante se sitúa en los 16.947 puntos, mínimos del hueco alcista abierto a comienzos de abril. Mientras el IBEX se mantenga por encima de ese nivel, no aparecerán señales de debilidad. La estructura del mercado, por tanto, sigue siendo sólida pese a la fuerte reacción alcista de la sesión.

El otro gran protagonista del día es el petróleo. El hundimiento del crudo impulsa con fuerza a bancos, turismo y consumo, pero golpea a las petroleras, entre las que destaca Repsol como el valor del selectivo más castigado de la sesión, aunque el mercado mantiene la cautela porque la tregua sigue considerándose frágil.