Europa afronta una semana clave con el petróleo en la cuerda floja
Tras las fuertes pérdidas de la semana pasada, se espera que las principales bolsas europeas vuelvan a abrir con caídas significativas este lunes. El sentimiento general del mercado sigue lastrado por la continuación de las ofensivas militares en Oriente Medio, que esta mañana disparaban los precios del crudo por encima del umbral crítico de los 100 dólares.
Publicado el 09/03/2026 a 08:35
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El mercado parisino perdió más de un 6,8% la semana pasada, su peor ejercicio semanal desde principios de abril de 2025 y el "Liberation Day" de Donald Trump, tras una oleada de ventas generalizada provocada por la intervención militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Desde su récord histórico del 26 de febrero, cuando superó los 8.642,2 puntos, el CAC ha cedido un 7,5%, una cifra que lo aproxima al 10% de pérdidas considerado técnicamente como una corrección.
Un viento de pánico ha soplado también sobre las plazas financieras europeas. El índice paneuropeo STOXX 600 ha caído ya casi un 6% respecto a sus máximos recientes, concretamente desde su récord del 27 de febrero.
La semana que comienza permitirá quizá saber finalmente si las bolsas del Viejo Continente toman el camino de una corrección en toda regla o si, por el contrario, sus recientes pérdidas fueron solo pasajeras.
Sin signos de desescalada en Oriente Medio
A la vista de los acontecimientos del fin de semana, la probabilidad de que el conflicto entre EE. UU. e Irán llegue a una conclusión amistosa ha disminuido notablemente en los últimos días.
Tras la designación de Mojtaba Jameneí como nuevo Líder Supremo, Teherán ha continuado sus ataques contra Israel, pero también ha lanzado nuevas ofensivas contra Kuwait, Arabia Saudí, Qatar, Baréin y los Emiratos Árabes Unidos.
El jefe del Estado Mayor israelí, el teniente general Eyal Zamir, afirmó el domingo que la guerra durará todavía "mucho tiempo".
El mercado petrolero en la cuerda floja
Con el casi cierre del estrecho de Ormuz, que exacerba el temor a una interrupción del suministro energético mundial, el barril de Brent ha superado esta mañana la barrera de los 100 dólares, algo que no ocurría desde 2022, situándose en 108,6 dólares (+17,1%).
El WTI, la referencia estadounidense, sube por su parte cerca de un 16% hasta los 105,1 dólares, alcanzando también máximos que se remontan a los días posteriores al inicio de la guerra en Ucrania.
Desde hace varios días, los analistas advertían sobre la presión inflacionista de un petróleo a 100 dólares sobre la economía mundial, un escenario que, sin embargo, se consideraba inevitable.
La pregunta que todos los inversores se hacen ahora es si las inquietudes ligadas al temor de un efecto adverso del conflicto en Oriente Próximo sobre el crecimiento mundial, a través del encarecimiento del crudo, serán temporales o si podrían causar daños más duraderos a la economía.
Para Goldman Sachs, el umbral de los 100 dólares no es solo una cifra redonda psicológica: se trata del punto de inflexión entre una "turbulencia manejable" y un "choque macroeconómico mayor".
A 100 dólares el barril, Goldman Sachs estima que el precio se vuelve insoportable para una parte de los consumidores. Se entra en una fase de destrucción de la demanda: los automovilistas reducen drásticamente sus desplazamientos y las empresas recortan su producción.
Según sus cálculos, el impacto en el crecimiento alcanza entonces el 0,4% y el impacto en la inflación sube 0,7 puntos, lo que constituye un freno directo a la riqueza mundial.
Con un barril por encima de los 100 dólares, que alimenta la perspectiva de un esquema reflacionista, Goldman Sachs advierte también que la política monetaria de los grandes bancos centrales corre el riesgo de volverse más restrictiva ("hawkish").
En resumen, el paso del petróleo más allá de la cota de los 100 dólares constituye, según el banco de inversión estadounidense, la señal de una guerra larga que podría ser sinónimo de un cambio de régimen económico, entre una inflación persistente y una recesión importada.
Según los observadores, el próximo objetivo a vigilar son los 130 dólares por barril, lo que provocaría un choque petrolero masivo y desencadenaría con seguridad una recesión mundial.
El nerviosismo de los inversores es global, con retrocesos particularmente marcados también en las plazas financieras asiáticas. La Bolsa de Tokio perdía un 5,2% el lunes al cierre de la sesión, cayendo a su nivel más bajo en un mes y medio.
Wall Street, que hasta ahora se había mantenido relativamente al margen de la oleada de ventas en los mercados de acciones —como ilustra el retroceso limitado del 2% del S&P 500 la semana pasada—, debería caer a su vez este lunes.
Para algunos inversores, la reciente bajada del mercado estadounidense podría crear una oportunidad de compra al ofrecer puntos de entrada potencialmente interesantes.
Ciertos analistas recomiendan dejar de lado los factores que han alimentado el descenso de los últimos días para volver a valores recientemente castigados, como los "Siete Magníficos" en Estados Unidos o el sector del software.
Oracle y la inflación PCE en el punto de mira
Más allá de las preocupaciones a corto plazo, los inversores vigilarán de cerca los resultados de Oracle, previstos para mañana por la noche, que medirán la capacidad del grupo de software estadounidense para acelerar su crecimiento en la nube, al margen del contrato gigante firmado con OpenAI.
La publicación, el viernes, del índice de precios PCE se anuncia también crucial, ya que podría mostrar que la inflación estadounidense sigue siendo persistente, muy por encima del objetivo del 2%, lo que podría obligar a la Fed a mantener sus tipos a pesar de la ralentización económica.
Los analistas temen que esta cifra confirme un escenario de estanflación, donde el alza de los precios perdura en el mismo momento en que el consumo se estanca.
Como señal de que la aversión al riesgo domina por ahora la tendencia, el dólar sigue aprovechando plenamente su estatus de valor refugio y se mantiene al alza frente al euro, que se debilita por debajo de 1,1545, en mínimos del año.
Los operadores regresan también a los bonos del Estado, lo que se traduce en una clara relajación del rendimiento de los Treasuries a diez años, cerca del 4,13%.


















