¿Qué es un fondo de crédito privado no cotizado?
Un fondo de crédito privado es un vehículo de inversión que concede financiación a empresas, generalmente pymes o compañías de tamaño intermedio, al margen del circuito bancario tradicional.
A diferencia de las acciones o los bonos negociados en bolsa, no existe un mercado secundario que permita vender la participación en cualquier momento. Se trata de activos no cotizados: para liquidar la inversión, el partícipe debe dirigirse al gestor y solicitar la recompra de sus participaciones, lo que se conoce como solicitud de reembolso.
¿Por qué se limitan las salidas?
El principal problema es la baja liquidez de los activos en los que invierten estos fondos. En consecuencia, los inversores no pueden recuperar su dinero de forma inmediata, o al menos no sin asumir pérdidas.
Si un número elevado de partícipes solicita la salida al mismo tiempo, el gestor puede verse obligado a vender activos con descuento para generar liquidez, perjudicando así a quienes permanecen en el fondo.
Para evitarlo, algunos vehículos —los denominados fondos semilíquidos— establecen límites a los reembolsos, normalmente en torno al 5% del valor liquidativo. Cuando las solicitudes superan ese umbral, se prorratean: los inversores solo recuperan una parte de lo solicitado. Este mecanismo se conoce como límite de reembolsos.
Qué debe tener en cuenta el inversor particular
Estos productos se comercializan principalmente entre inversores de elevado patrimonio —como family offices— e institucionales, como aseguradoras o fondos de pensiones, con la promesa de obtener mayores retornos que en los mercados cotizados. A cambio, asumen dos restricciones claras: menor liquidez y un nivel de riesgo superior.
En fases de tensión, las solicitudes de reembolso tienden a aumentar. Históricamente, estos episodios han coincidido con crisis económicas o ciclos de subidas de tipos de interés, a los que el mercado de financiación es especialmente sensible. En los últimos meses, además, se ha sumado un nuevo factor: la irrupción de la inteligencia artificial en sectores como el del software, que ha generado dudas sobre la valoración de ciertos activos y sobre la capacidad de algunas empresas para atender su deuda con fondos de crédito privado.
Por qué están en el punto de mira
Cuando un fondo activa el límite de reembolsos, la noticia se hace pública rápidamente. Esto puede desencadenar un efecto contagio: otros inversores, ante el temor, también tratan de salir, amplificando el problema. Si varios fondos atraviesan la misma situación, la confianza del mercado se deteriora y puede desencadenarse un círculo vicioso.
En los últimos meses, varios vehículos de inversión en activos no cotizados han mostrado señales de debilidad. Además del crédito privado, también el capital riesgo —expuesto vía participaciones en el capital de las empresas— ha registrado episodios de tensión en algunos actores más vulnerables.
En las últimas semanas, incluso gestoras de mayor solidez han acusado el deterioro de determinados segmentos de sus carteras de deuda y activos. Sus clientes, en un intento por reducir riesgos, han optado por recortar exposición, lo que ha disparado las solicitudes de reembolso hasta alcanzar los límites establecidos. Entre las firmas afectadas figuran Blue Owl, Apollo, Morgan Stanley, Cliffwater, Partners Group o Blackstone. Este contexto lanza una señal negativa al conjunto del mercado, que se debate entre una normalización progresiva o la posible materialización de un riesgo sistémico.






















