Su serie F domina con gran autoridad el segmento de las camionetas, mientras que los modelos Bronco y Explorer ganan cuota de mercado entre los todoterrenos. Por su parte, el Mustang se mantiene como el líder indiscutible de los deportivos en Estados Unidos y la furgoneta Pro Transit sigue siendo el vehículo más vendido en el ámbito profesional.

Sin embargo, los aranceles, el precio de la gasolina en el surtidor y las crecientes dificultades de su división eléctrica continúan lastrando sus resultados. No se espera que este último segmento alcance el equilibrio financiero antes de 2029, lo que ya justificó una depreciación de activos superior a los 9.000 millones USD el pasado ejercicio.

Esta situación ha provocado que el fabricante presente unos resultados de explotación en negativo para el ejercicio 2025 por primera vez desde la pandemia, situándose apenas en el umbral de la rentabilidad durante el primer trimestre de 2026. La factura habría sido aún más abultada si no hubiera modificado sustancialmente su hoja de ruta para el vehículo eléctrico hace dos años y medio.

En la última década, el crecimiento de la cifra de negocios de Ford ha sido nulo una vez ajustado a la inflación, el dividendo está estancado y la deuda neta se ha elevado considerablemente. Al menos, la compañía autofinancia con holgura su incursión en la movilidad eléctrica, aunque esta esté tardando en dar sus frutos.

Resulta curioso que los recientes contratiempos no hayan penalizado la cotización bursátil de la empresa, que presenta una valoración de 1,5 veces sus fondos propios y una rentabilidad por dividendo que se sitúa exactamente en su media histórica. Todo ello a pesar de que el consenso de los analistas mantiene una postura muy cauta de cara a los ejercicios 2026 y 2027.