Entre los indicadores positivos destacan un volumen de negocios al alza y un margen de explotación que sigue siendo impresionante. En estos aspectos contrasta claramente con el resto del sector de bienes de consumo básico, que se halla sumido en un estancamiento estructural de las ventas y muy penalizado por la inflación en el beneficio de explotación.

Los resultados del primer trimestre del ejercicio fiscal aportaron así cierto optimismo tras un año 2025 marcado por señales mixtas.

Estrella entre los aristócratas del dividendo estadounidenses, PepsiCo incrementó de nuevo su retribución durante los doce meses, como viene haciendo cada año desde hace ya mucho tiempo. No obstante, en PepsiCo: En terreno resbaladizo, señalábamos que estos retornos de capital a los accionistas tendían ya a superar el flujo de efectivo libre generado por las operaciones.

Esta tendencia se confirmó en el ejercicio 2025, con un beneficio de caja de 8.200 millones USD, inferior a la suma del dividendo, que alcanzó los 7.600 millones, y de las recompras de acciones, que consumieron 1.100 millones. En este sentido, los 3.300 millones USD invertidos en adquisiciones provocaron que la deuda neta aumentara otros 5.000 millones USD.

Esta dinámica se vio acompañada de una caída de los volúmenes, que sin embargo se moderó en los tres primeros meses del ejercicio fiscal 2026 gracias al crecimiento en el segmento de alimentación y a un equilibrio recuperado en el de bebidas. Paralelamente, los márgenes se mantienen muy por encima de la media del sector.

En cuanto a la valoración, la presión disminuye ligeramente respecto al mismo período del año pasado, cuando la rentabilidad por dividendo superó el 4%, algo inédito en veinte años. En términos de múltiplos sobre fondos propios y resultado de explotación, PepsiCo sigue valorada cerca de sus mínimos de diez años, aunque todavía lejos de representar una señal de compra claramente evidente.