General Mills fabrica y distribuye marcas de gran consumo (Cheerios, Nature Valley, Old El Paso o Häagen-Dazs, fuera de Estados Unidos mediante licencia) y se ha convertido en uno de los pesos pesados de la alimentación animal con Blue Buffalo. Su exposición sigue siendo mayoritariamente norteamericana.

Desde hace dos años, la combinación de aumento de precios y descenso de los volúmenes se está agotando: los ingresos y los márgenes han disminuido en cada uno de los tres últimos ejercicios y, en consecuencia, el beneficio por acción ha pasado de 4,42 a 4,10 USD en ese periodo.

Ante el aumento de los precios, los consumidores están dejando de lado los productos de los principales fabricantes en favor de las marcas blancas, cuya cuota de mercado está creciendo. En el sector de la nutrición animal, Blue Buffalo, que hasta ahora había desempeñado un buen papel amortiguador, está corriendo ahora la misma suerte. La empresa se ve obligada a intensificar sus esfuerzos promocionales en un contexto que se ha complicado aún más con los aranceles.

En cuanto a los costes, el precio de algunas materias primas como el cacao, el azúcar o los productos lácteos se está normalizando. Sin embargo, los de otros factores de producción siguen siendo elevados e inestables; como en la energía, el transporte y los salarios. Y esto pesa sobre los márgenes.

La situación parece aún más delicada en comparación con competidores como Mondelez International, que se beneficia de una demanda siempre sólida, impulsada por sus marcas emblemáticas (Oreo, LU, BelVita, Cadbury, Milka, Toblerone), y de una presencia internacional más amplia que limita la dependencia del saturado mercado estadounidense.

Uno de los principales retos para General Mills será revitalizar sus categorías maduras y de nicho (cereales para el desayuno, yogures, platos preparados y alimentación para animales), cuyos volúmenes se han estancado o retroceden. La empresa ha ajustado su oferta a la coyuntura actual proponiendo formatos familiares y económicos, simplificando las recetas y reorientando la innovación hacia el consumidor (proteínas, fibra, etiqueta limpia).

Las últimas tendencias apuntan a un entorno algo menos caótico: las cadenas de suministro se muestran más engrasadas, los costes logísticos están mejor controlados y algunas campañas están empezando a dar resultados alentadores. No obstante, la demanda sigue siendo inestable y las promociones (aunque reducen los márgenes) siguen siendo la principal palanca para sostener los volúmenes, lo que no es realmente una buena noticia.

Todos estos factores pesan lógicamente sobre la valoración, que ahora es inferior a 10 veces los beneficios esperados para este año y a unas 22 veces el flujo de efectivo libre. Para el presente ejercicio, el consenso de los analistas prevé un nuevo descenso de la facturación acompañado de una erosión de los márgenes. A falta de un catalizador claro (mejora de los resultados, recuperación del mercado o movimiento de consolidación sectorial), el potencial de la acción sigue siendo limitado.