La fiebre por la IA sopla con fuerza en la Bolsa de Hong Kong. Las captaciones de fondos se han disparado, al haberse obtenido unos 14.000 millones USD en los tres primeros meses del año, lo que supone el mejor inicio de ejercicio en un lustro, situándose muy por delante de Wall Street, Europa y Bombay. Un total de 47 empresas han empezado a cotizar (37 de ellas en el mercado principal), relegando al Nasdaq (5.650 millones) y al NYSE (4.950 millones) a la segunda y tercera posición mundial. Esto confirma, además, el papel de Hong Kong como la plaza predilecta para las empresas tecnológicas chinas que buscan capital.

Financial Times

El motor de este frenesí son, sin duda, las fabulosas plusvalías generadas por las nuevas estrellas del parqué. Las dos mejores rentabilidades del año —Zhipu AI (alias Knowledge Atlas) y MiniMax— han visto dispararse sus cotizaciones. Algo inédito para sociedades tan jóvenes. Estos pure players de la IA atraen el dinero como imanes, en una atmósfera al estilo DeepSeek que favorece a los actores especializadísimos en IA frente a los gigantes tecnológicos clásicos. Los inversores parecen apostar ahora no por la vieja guardia, sino por estos laboratorios y fabricantes de hardware dedicados a la IA para expresar su convicción en el potencial fulgurante del sector chino.

El fenómeno va más allá de las empresas emergentes: otras más consolidadas e incluso algunos grandes grupos están sondeando el mercado. Syngenta (química agrícola), por ejemplo, ya figura en los expedientes de salida a bolsa junto a otros cientos. En total, más de 530 empresas han presentado una solicitud de cotización en Hong Kong con el fin de captar fondos offshore —cuando una empresa busca capital fuera de su país—, principalmente de origen chino. Se encuentran, por supuesto, numerosos pesos pesados y líderes tecnológicos (tres más consiguieron el equivalente a 1.100 millones EUR en enero, entre ellos el muy mediático fabricante de chips de alto rendimiento Biren Technology).

Sin embargo, no todos logran zarpar. Ante esta fiebre de OPV, Pekín ha comenzado a dar un golpe sobre la mesa. Se ha solicitado a ciertos actores red-chip (sociedades registradas en el extranjero) que desmantelen su estructura externa para regresar a la China continental antes de salir a bolsa. En definitiva, algunas OPV podrían retrasarse varios meses, o incluso descartarse, mientras se recomponen las sociedades. La nueva normativa impone ahora a las red-chips la obligación de obtener el visto bueno de Pekín para captar fondos en el extranjero, so pena de bloqueo. El objetivo oficial es evitar estructuras opacas y proteger a los inversores (recordando lo sucedido de 2015 o 2021, cuando una oferta global mal gestionada terminó en fracaso).

En el propio Hong Kong, también es el momento de la calidad. La bolsa local y las autoridades bursátiles insisten en que los expedientes de OPV sean «irreprochables». El mensaje es claro: ante la falta de información transparente, los actores del mercado pagarán las consecuencias. Los reguladores incluso han amenazado con «señalar públicamente y avergonzar» a los abogados, contables y bancos que presenten folletos incompletos o erróneos (una medida popularizada en 2014 y reactivada recientemente). Los rechazos de inscripción se multiplican —ya se han denegado el 15% de las solicitudes en marzo—, en reflejo de que se ha abierto la veda contra las salidas a bolsa descuidadas. Este endurecimiento de las condiciones se explica por el contexto: tras dos años de auge (37.000 millones recaudados en 2025) y cerca de 500 candidatos en liza, las autoridades quieren evitar un sobrecalentamiento.

La paradoja es que nunca Hong Kong ha sido una plaza tan deseada como hoy y, sin embargo, el apetito de los inversores se ha vuelto tan exigente como voraz. Por un lado, la IA alimenta una euforia sin precedentes, impulsando las acciones tecnológicas y levantando montañas de capital. Por otro, los reguladores estrechan su cerco para no repetir errores del pasado, multiplicando las salvaguardas (recentralización de las red chips, exigencias de transparencia, multas cuantiosas en caso de falsedades en los folletos).

Este vaivén crea una atmósfera única: los brillos de los nuevos gigantes de la IA conviven con la prudencia de las autoridades. Hong Kong bien podría escribir una nueva página de su historia financiera, pilotada por las dos fuerzas opuestas de la fiebre tecnológica y el endurecimiento regulatorio. No obstante, los importes de las captaciones de fondos podrían dispararse pronto en Wall Street con la muy esperada salida a bolsa de SpaceX antes del verano, así como las especulaciones sobre potenciales OPV de OpenAI, el editor de ChatGPT, y de Anthropic, creadora de Claude, de aquí a finales de año. Habrá que seguir de cerca la evolución.