Este tipo de suspensión es habitual cuando una información importante, susceptible de influir en la cotización de una acción, requiere aclaraciones. El objetivo es proteger tanto al mercado como a los accionistas. Puede producirse ante rumores de OPA, movimientos bruscos de una acción o, como en este caso, cuando se da a conocer una operación financiera de envergadura.

En el caso de Iberdrola, la empresa anunció, tras la publicación de sus resultados, una ampliación de capital acelerada de 5.000 millones de dólares, lo que representa el 5,21% de su capitalización bursátil. Se trata de una captación de fondos exprés reservada a inversores institucionales, realizada en pocas horas mediante una colocación acelerada. Esta operación tiene por objeto respaldar sus proyectos en las redes eléctricas de Estados Unidos y Reino Unido, tras haber expresado su decepción por la nueva propuesta de remuneración de las empresas eléctricas formulada por las autoridades españolas.

Por lo tanto, se trata de una suspensión totalmente habitual. La reanudación se produjo tan pronto como se publicaron los detalles de la operación (precio, dilución).

El precio de emisión de las nuevas acciones se ha fijado en 15,15 EUR, lo que supone un descuento del 4,7% con respecto al precio de cierre del martes (15,90 EUR). Un anuncio que ha lastrado inmediatamente la cotización, a pesar de los sólidos resultados semestrales. Las nuevas acciones entrarán a cotizar mañana y comenzarán a negociarse a partir del 25 de julio.

Según Iberdrola y un analista de Jefferies, esta ampliación de capital debería tener un efecto positivo a medio plazo. Permitirá al grupo sanear su estructura financiera, tras reducir su deuda en 3.000 millones EUR hasta situarla en 53 000 millones, y obtener una calificación crediticia Baa1/BBB+.

Durante el semestre, Iberdrola ha invertido 5.660 millones EUR, un 7% más que el año anterior. El 54% del total se ha destinado a la actividad de redes, y el 38%, a energías renovables.

El grupo prevé elevar sus inversiones en redes a un nivel sin precedentes de 55.000 millones EUR durante el periodo 2026-2031, con el fin de aprovechar las oportunidades que ofrecen la transición energética y el desarrollo de las redes.

En cuanto a los resultados, el beneficio neto se situó en 3.560 millones EUR, lo que supone un descenso del 14%. Esta comparación se ve sesgada por la venta el año pasado de 13 centrales eléctricas mexicanas, que generó un beneficio extraordinario de 1.160 millones EUR. Sin este efecto puntual, el beneficio habría aumentado un 20%. Iberdrola mantiene sus previsiones de crecimiento de dos dígitos, impulsadas por un entorno regulatorio más estable en Estados Unidos, Reino Unido y Brasil, así como por la integración del distribuidor británico ENW.

En resumen, la suspensión de la cotización fue puramente técnica y finalizó tan pronto como se publicaron los detalles de la operación.