Dirigida por Jean-Paul y Martine Clozel, notables fundadores de Actelion, Idorsia comenzó su andadura bursátil bien capitalizada, con dos tratamientos homologados, uno contra el insomnio y otro contra la hipertensión, y otros cuatro en fases avanzadas de desarrollo.

Seis años más tarde, tras el fallido lanzamiento comercial de su exitoso tratamiento contra el insomnio en Estados Unidos y dos fracasos en la fase 3 —uno para un tratamiento destinado a combatir las complicaciones derivadas de las hemorragias subaracnoideas y otro contra la enfermedad de Fabry—, la joven empresa suiza se vio en una situación delicada.

Su plan de negocio inicial pecaba de ambicioso, por lo que la empresa tuvo que recortar drásticamente los costes y despedir a la mayor parte de sus brillantes equipos de investigación. Sin embargo, después de agotar sus reservas de efectivo, Idorsia estaba al borde de la quiebra.

Esta serie de contratiempos llevó a Jean-Paul Clozel a ceder su puesto al director financiero André Muller. Este se sacó de la chistera una ingeniosa reestructuración del grupo, paralela a su refinanciación, con la mayor parte de la deuda colocada en un vehículo anexo, que tiene como garantía los derechos de tres tratamientos comercializados por socios de Idorsia.

Es de destacar que Muller adquirió entonces en el mercado más de un millón de acciones y Alberto Gimona, que dirige los ensayos clínicos, 400.000. Más recientemente, el gran movimiento en el capital ha sido el de Fidelity, que ha duplicado con creces su participación para convertirse en el segundo accionista tras el matrimonio Clozel.

El pasado mes de junio también llegó al puesto de directora general Srishti Gupta, esposa del director general de Novartis. Por supuesto, esto no hizo más que alimentar los rumores sobre una posible compra de la biotecnológica, aunque la maniobra parecía algo descabellada.

Ahora, tras recuperarse y pasar por una severa cura de adelgazamiento, Idorsia cuenta con una tesorería y una estructura de costes que deberían permitirle aguantar hasta 2028. Para entonces, la facturación de su tratamiento contra el insomnio Quviviq debería superar los 300 millones de francos, y las cuentas de explotación deberían alcanzar el equilibrio.

Paralelamente, y antes de una cartera de productos que cuenta con una decena de tratamientos en fase inicial, la empresa mantiene tres activos en fase 3, entre ellos el lucerastat contra la enfermedad de Fabry, un campo terapéutico que sigue siendo un auténtico cementerio de ilusiones perdidas en el sector de las biotecnologías y sobre el que persisten serias dudas tras el fracaso de sus últimos ensayos clínicos.